Conesa no dijo mentira

  • Conesa no dijo mentira

    Mercè Conesa

    La presidenta de la Diputación de Barcelona, ​​Mercè Conesa, dijo el otro día que si somos realistas debemos pensar que el referéndum por la independencia podría no hacerse en 2017, y le cayó encima una aguacero descomunal. Y añado: le cayó un aguacero descomunal y absurdo. Es evidente que ella, una veterana del PDeCAT y política de primer nivel, cometió un error de principiante al decirlo sin pensar cómo se podrían utilizar sus palabras, pero no mentir. Si se lee la entrevista donde así se expresa, queda claro que ella habla en condicional: “si se llega a la parálisis, si el gobierno se encuentra en un callejón sin salida…”. Y podría haber dicho mil y un supuestos más: “si mañana cae un meteorito en Cataluña, si la Guardia Civil impide que se pongan las urnas…”. Mil y una circunstancias que pueden hacer que algo que se quiere sacar adelante pueda no pasar, o que esté agendada para el 2017 y pase el año siguiente o el otro. Porque nos han querido hacer creer que sólo con voluntad se pueden hacer las cosas, y la vida, en nuestro día a día, nos demuestra que esto no es así.

    Puedes querer aprobar un examen, poner toda la voluntad del mundo, y suspenderlo. Puedes amar a alguien con todo el corazón, hacerlo todo para que te corresponda, y que esto no ocurra. Y no por eso eres un inconsciente que no quieres aprobar, o un loco que no quieres que te quieran. Eso sí, a pesar de todos los esfuerzos y sábanas en diferentes coladas que los del Partido Demócrata han ido dejando camino de hacer posible un referéndum por la independencia de Cataluña, nos sorprenderíamos de la cantidad de gente que se muere de ganas de decirles botiflers, flojos o simplemente de extender un sombra de duda en cada ocasión que se pone a tiro, por pequeña o absurda que sea, a propósito de su compromiso. Es lo que ha ocurrido con las declaraciones de Conesa y la utilización que se ha hecho, mediáticamente y política.

    Y tuvo que salir el presidente Carles Puigdemont a dejar claro que desde su partido y desde su gobierno el compromiso con el referéndum es absoluto, y tuvo que decir que el referéndum se hará “indefectiblemente”. Podría no haberlo hecho, porque lo diga él, lo diga Junqueras o el Sursum Corda, el referéndum podría ser perfectamente que no se acabara haciendo. Sólo los intransigentes y los más inseguros (con ellos mismos o sus circunstancias) se han de vestir de una seguridad total y absoluta en el porvenir, por si acaso. No es el caso de Puigdemont, pero sí de quienes irresponsablemente obligan a este tipo de pronunciamientos. Porque precisamente el hecho de no confiarse y contemplar como plausibles escenarios alternativos a tus ideales, te puede impulsar a persistir en ella y mejorar. Porque aquí, como en todas partes, y en el soberanismo, como en otros frentes, no todo se está haciendo bien. Todo es mejorable, también el camino hacia la consulta que más de un 80% de la población catalana defiende que se debería hacer. Y, sin embargo, esto, por sí solo, no es garantía de que acabe pasando, y se debe mejorar todavía mucho, en fondo y forma.

    Hay cierto acomplejamiento en el mundo convergente para asumir la complejidad de su discurso, ahora independentista, antes no, pero no por ello con menos necesidad de matiz y de ponderación. Están acomplejados por ser complejos. Y disculpen la redundancia. Muestran acomplejamiento para representar una realidad social y política compleja, cuando esto es una riqueza. Y así los pintan las encuestas. Y en Esquerra las encuestas los pintan genial, pero en más de una ocasión da la sensación que tienen demasiada prisa para disfrutar de una amplia mayoría que, con ciertos ataques de ansiedad y con ciertas muestras de poca generosidad, se puede pensar que aún no están preparados para asumir. No por falta de capacidad o por pocos méritos acumulados, que los tienen, sino porque construir mayorías políticas y sociales se debería hacer desde la suma de espacios, y no sólo desde el placaje a otros con quien ya cuentas. Y cosas de estas sirven para saber si vamos camino de un referéndum o si, entre unos y otros, haremos que no pase lo que una mayoría queremos. ¿Verdad que ven que no está todo hecho? Pues más vale no pensar que esto ya está en el saco y a dedicarse a hacer los deberes. Cada uno los suyos.

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