¿Podemos renunciar a sumar?

  • ¿Podemos renunciar a sumar?

    image

    Partamos de la base que no creo que la propuesta de Xavier Domènech, de En Comú Podem y de Podemos sea “La Solución”. Partamos, de hecho, de la base que no creo que ningún político ni ningún partido la tengan al 100%, por si sola, para resolver la relación entre Catalunya y España. Pero, de existir esta solución tiene que ser la síntesis y el destilado de ésta y otras muchas propuestas. Mi gran duda es: ¿vamos tan sobrados como para renunciar a la suma?

    Como dice el anuncio de cerveza, “para continuar, para“. Y ayer el candidato de En Comú Podem, Xavier Domènech, lo hizo. Se paró un momento, y no para frenar. Lo hizo para aportar reflexión política con carga de fondo. Aquel que puede permitirse el lujo de hacer esto, más allá del pim-pam-pum típico de campaña, es que va muy disparado. Y no me extraña, en este caso, por méritos propios y también por los errores y ciertas dejaciones de sus competidores.

    Siempre he desconfiado de la gente que lo tiene todo claro. Yo, personalmente, me siento una persona que se cuestiona constantemente en muchos sentidos. Así es como no acabo de metabolitzar, lo admito, a las personas o a los colectivos que se sienten investidos de una verdad incontestable. El españolismo, tradicionalmente, ha pecado mucho de eso en sus expresiones políticas mayoritarias. Y una de las cosas que más me han desconcertado en los últimos tiempos es que una parte del independentismo también. Desgraciadamente. Me gustaría creer que en la mayor parte de casos ha sido por las prisas, pero me inquieta mucho la posibilidad que, sobre todo, sea por inseguridad en los propios postulados que se defienden.

    Como dijo en alguna ocasión Oriol Junqueras, independentista no se es, se está. “Estoy independentista”, decía. Hasta que llegue la independencia, venía a argumentar. Pero yo, coincidiendo con esta opción, añadiría otra, a la posibilidad de dejar “de estar independentista”: que esto pase cuando el independentismo y/o sus expresiones políticas te decepcionan o cuando a él se le contrapone una alternativa más plausible, razonada y conversada. Puede pasar. ¿O es que tenéis alguna duda?

    Yo, por ahora, considero que la independentista es la propuesta que desde el catalanismo mejor se contrapone al no-discurso del españolismo, que o bien está basado en el ataque primario o indiscriminado, o en propuestas caducadas y tramposas de las que ya se han testado las opciones cuando las podían aplicar o impulsar quienes ahora las reivindican. Estos posicionamientos no tienen suficiente grueso o credibilidad. ¿Pero eso quiere decir que no pueda existir alternativa plausible al independentismo? ¿Eso quiere decir que no puedan aparecer actores y propuestas nuevos que lo puedan llegar a remover todo? No, en absoluto.

    Una de las cosas que más me incomoda en los últimos tiempos en diferentes espacios de debate o tertulia donde participo es la facilidad y el piloto automático con que ciertos defensores de la independencia (políticos o no) se sacuden de encima la propuesta que nace de Podemos y En Comú Podem con el referéndum como bandera. Me sabe mal porque creo que es caer en el error del españolismo que más ha alimentado el independentismo, pero al revés. Me sabe mal porque rehuye el debate (el de fondo por supuesto, pero el más epitelial también). Y, en definitiva, me sabe mal porque todo ello, esta renuncia a aceptar la parte de cierto que pueda existir en otra opción que quiere diálogo y que no es un ataque frontal, denota un punto de inseguridad respecto de la solidez de la propia causa. Y todo ello preocupa.

    ¿La opción de la independencia es tan floja que no puede permitirse tomarse seriamente una propuesta alternativa que no sea beligerante? ¿Se tiene que hacer caricatura de ello y ya está? ¿No se puede aprovechar nada? ¿No se puede discutir con argumentos que no tilden al otro de naif, farsante, anacrónico o ingenuo? Y, todo ello, me pregunto, ¿tiene sentido que se haga con una propuesta política nueva a quien ya de entrada, con este proceder, se condena a ser “más de lo mismo”, cuando, con un poco de humildad y de ganas de avanzar, se podría sumar a un movimiento de cambio transversal y necesario? ¿No se reclamaba eso desde el catalanismo, de parte de PP y PSOE? ¿Tiene sentido descartar, con una enmienda a la totalidad o con la indiferencia, una propuesta impulsada con apoyo popular significativo desde Catalunya y desde el catalanismo (que no todo es independentista, a pesar de que ahora esta opción sea su tronco central)?

    Ayer pensaba en todo esto, mientras escuchaba una charla de Xavier Domènech que llevaba por título “Por un catalanismo de mayorías. Un proyecto de país, progresista, renovador y al servicio de la gente para la Catalunya del presente y del futuro”. Mucha chicha, y muy bien ligada con el pasado, de la mano de un historiador que niega que su propuesta política sea “adanista”. No considera que con ellos haya empezado todo, como les han acusado de hacer, y reivindica las raíces de su proyecto en el catalanismo popular (que por otro lado nadie lo puede reclamar como patrimonio exclusivo suyo).
    ¿Quién teme esto? ¿Quién, desde el catalanismo, puede dar por descartada esta opción ya de entrada de pies a cabeza? Después de oír ayer las reflexiones de Domènech, aún lo tengo más claro: en esto no tendría que poder caer nadie que quiera un cambio real del estatu quo de Catalunya y que, de verdad, quiera lograrla algún día.