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- 15 sep
Enseñar los dientes a Iglesias
Hace unos días, un amigo de Iniciativa me confesó que el candidato de Catalunya Sí Que Es Pot había sido un patinazo y que no funcionaba. Después entendí mejor, gracias a esta confesión hecha con cara de sufrimiento, la última frase para la historia de Pablo Iglesias, de tintes etnicistas. No había sido un calentón. Había sido premeditado y, de hecho, desesperado. Ahora ha hecho como que se disculpa por venir a decirnos a los hijos y nietos de la inmigración que nosotros por designio divino debemos votar in saecula saeculorum a partidos con sede en Madrid. Pero su pensamiento para venir a justificarse (tarde y mal) aun ha sido más lamentable. Y les contaré porqué.
Antes, dejen que me detenga en lo que dijo de “sacar los dientes”, en aquel fatídico mitin. En eso sí le tendremos que hacer caso y los tendremos que mostrar. Pero a él y al resto que como Iglesias nos insultan como pueblo con su ignorancia, con su mala intención, o con ambas cosas a la vez. Mostramos los dientes, pero para sonreír. Y para hacerlo no como él y Aznar, que cuando lo intentan dibujan aquella mueca inquietante. Propongo que los catalanes mostremos una sonrisa bien sincera, símbolo de optimismo frente a la crispación, de concordia ante la voluntad de discordia. Sonriamos, porque ciertas barbaridades como estas, tan exteraterrestres aquí, son las que han alimentado y alimentan el cambio político y la revolución democrática que en Catalunya se está dando con gente de todo origen y condición empujándola.
Y para rematar, ahora sí, un comentario sobre su nefasta justificación a la hora de utilizar el origen de la gente para decirles que tienen que votar y qué no. Dice que un “chico” le dijo no sé qué por la calle. Como la niña (inventada) de Rajoy, la que sus asesores se sacaron de la manga para tratar de imprimir un poco de emoción en el tramo final de un debate (y que no consiguieron). De aquella “niña”, a “el chico de Pablo”. Dice que le reprochó que no entendía Catalunya porque sólo se movía por el extraradio de Barcelona. Y aquí, en teoría, que el líder de Podemos calentara y dijera la absurdidad demagoga que profirió a gritos en un acto de campaña. Pero no, Pablo. Primero, no cuela. Y segundo, tú no nos entiendes porque crees que puedes tomarnos el pelo con “milongas” de estas y además venir a decir quién es más o menos catalán, a una sociedad y una política catalana que siempre han conjurado esta práctica. A ello vienen clásicamente en la campaña catalana los paracaidistas españoles. A agitar la cizaña social, entre una ciudadanía que no ha compartido nunca del frentismo que tanto gusta y que tanto le conviene electoralmente a Iglesias y a los Rajoy, aquellos extremos que como todos tanto acaban tocándose. Y a eso hay quien lo llama “nueva política”. A hacer con coleta lo mismo que durante décadas han practicado con deleite los José Bono, Juan Carlos Rodríguez Ibarra o Esperanza Aguirre de turno. Esta es la mejor alternativa y horizonte de cambio que ofrece la política española a los catalanes, sean independentistas o no. Si eres independentista, con este panorama, no puede hacer más que mostrar los dientes con una amplia sonrisa, ¿no creen?
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