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- 17 sep
Almunia, Rigol: sí, ¿y qué?
Mira qué sorpresa que Almúnia, el hombre que con su megacarisma y buen hacer regaló la mayoría absoluta a Aznar en 2000, sale ahora a hacer vaticinios sobre una Catalunya independiente fuera de la UE. De entre todos los del equipo de Durao Barroso, tenía que ser el comisario español, no falla. Y sí, después de unos días de intensas gestiones del Ministerio de Asuntos exteriores español, presionando a diestro y siniestro una vez escuchadas las declaraciones de los primeros ministros de Letonia y Lituania. Celebrémoslo. Que tengan que movilizar peones como Almunia, así como el hecho que ningún de gobierno europeo de espontáneo diga la suya, y que aquellos que lo hagan sea a favor. Que en contra de las reclamaciones de Catalunya aún no hemos escuchado a ninguno.
“¿Y qué?” sería la mejor respuesta a las predicciones de Almunia sobre una Catalunya fuera de la UE. Sobre todo viniendo de quien vienen, que nos dice mucho de los nervios de quienes no quieren evitar una Catalunya fuera de la Unión, sino una que ejerza su derecho en la autodeterminación. Ojalá nos encontráramos en la fase de la discusión sobre hipótesis de consecuencias en un escenario de una Catalunya independiente. Pero no es el caso. Gente como Almúnia, sobre todo en España, nos lo impiden obstaculizando un paso previo: el ejercicio del voto.
El derecho a decidir es eso. Es un no poner puertas al campo o a la mar o la democracia, digámosle cómo queramos. Es hacer una apuesta decidida por eso, sin subterfugios, sin trampas, sin ganas de dilatar o de obstruir el proceso desde dentro. Ayer el presidente Joan Rigol presentó junto con el conseller Francesc Homs el manifiesto que vertebra el Pacto Nacional por el Derecho a Decidir. Pinta muy bien. ¡Ahora! Igual como a Almunia le tendremos que decir “sí, ¿y qué?” cuando nos pregunte si queremos seguir adelante a pesar de sus malos vaticinios europeos, a Rigol también. Le tendremos que decir que seguiremos haciendo vía si a pesar de las buenas intenciones de los otros el PSC no se suma al pacto en un plazo razonable de tiempo. El PSC actual representa un espacio menguante, ya no solo del conjunto de pueblo de Catalunya, sino también de su propio espacio electoral tradicional. Por lo tanto, voluntad integradora toda, pero a hacer vía (catalana). Queremos votar, está claro. Y esto no lo pueden impedir ni escenarios de futuro oscurecidos a la carta ni mayorías “cualificadas” que respondan a mapas políticos y sociales del pasado.
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