“Jo pregunto”: TV3, ¿’la suya’?

  • “Jo pregunto”: TV3, ¿’la suya’?

    576_1485125915Jo_pregunto5_copia

    Este país está lleno de “caragirados”. De “estómagogirados”, incluso diría. Y sin embargo, son una minoría. Los aguafiestas profesionales, gente cabreada con el mundo que encuentra en banderas minoritarias la manera de escupir a placer una mayoría, para descargar así sus múltiples frustraciones. Esto, a pesar de que vamos bien servidos como país, es minoría. Y desde este domingo pasado que les queda una bandera menos a levantar. De hecho nunca la tuvieron, pero el ridículo al que se exponen ahora, al menos durante unos días, mientras aún nos quede recuerdo del “Jo pregunto” de TV3, sería ya estratosférico, de querer ponerse. Decían “TV3, la suya”, como dejando caer que no es “la suya”, la de todos los espectadores, como nos dijo aquella campaña de publicidad, sino la de los independentistas. Y la comparaban con TeleMadrid, la TVE de Rajoy o el Canal Sur de los socialistas. Prueben de encontrar un espacio que se acerque al grado de combate dialéctico real que el domingo tuvieron una serie de ciudadanos con un responsable político gubernamental, y después hablamos.

    Lo twitteé y a los amargos les habrá pasado por alto, ellos que sólo se fijan en lo que les da la gana y que creen que también les da la razón, pero a mí, realmente, que preguntara gente que forma parte de sindicatos o de partidos como Iniciativa o Ciudadanos, o de asociaciones como Sociedad Civil Catalana no me parece de entrada nada malo. ¿Cuál es el problema? ¿Que no se presentaron como tales? Esto, como casi todo hoy en día, sabíamos que se acabaría sabiendo (y pasó pocos segundos después en la red), pero es que además todo el mundo con un mínimo de criterio veía a través de la tele como ciertos tonos, sesgos y formulaciones de pregunta con sermón previo no buscaban ninguna respuesta, ecuanimidad ni intercambio sincero, sino micromítines y ataques de partes interesadas. El presidente Carles Puigdemont contestó con educación, y adelante.

    Otra cosa, cierta también y que igualmente apunté en un primer tuit, es que el presidente debería haber estado menos pendiente de los papeles y de las cifras, y mostrar una mayor empatía que en este formato hay que proyectar de entrada, y ya después tratar de apelar a la razón. Pero vaya, que los ciudadanos seleccionados para preguntar ya se encargaron, en la mayor parte de casos, que una parte de la audiencia empatizara con Puigdemont. Eran poco representativos desde el punto de vista social y político, por lo que dijeron y también porque gente afiliada a partidos, sindicatos y ciertas organizaciones pseudopolíticas son minoría entre una población cada día más escéptica con estas fórmulas de participación. Pero son ciudadanos de este país, existen, estaban en su derecho de preguntar, debían hacer posible que el programa tuviera interés y no fuera un masaje, y representan una realidad que, aunque minoritaria en muchos casos, está y está muy bien que sea reflejada en la televisión pública de todos, con sus mil y un defectos, que también los tiene.

    Ellos representaban unas minorías y el presidente de la Generalitat representaba una mayoría. ¿Descompensación en favor de quienes menos representa? No lo veo. Puigdemont, diputado electo en unas elecciones al Parlamento (que es lo que votamos y eso lo que le legitima) forma parte de una mayoría en la cámara de representantes catalana, que es plural pero que es clara y gobierna las principales instituciones del país. Aquí hay un peso y una fuerza que unos pocos ciudadanos elegidos al azar (comprando que así haya sido) no te pueden hender con cuatro preguntas. Y entonces vas allí, contestas y el público ya es bastante sabio, maduro y formado para extraer las pertinentes conclusiones.

    Y no hagamos de cada pequeña cosa un drama, por favor. Los que se empeñan en decir que todos somos unos bobos a los que una tele puede adoctrinar y hacernos comulgar acríticamente con la independencia se les responde con programas como el “Jo pregunto” del domingo (que como todo es perfectible en fondo y forma), pero no creyendo, como ellos, que todos juntos no tocamos ni cuartos ni horas y nos chupamos el dedo.

    (Para leer el artículo en Món.cat, clicad aquí)