Un gobierno a la carta

  • Un gobierno a la carta

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    En cuanto a surrealismo, parecería insuperable (pero no) la imagen de Pedro Sánchez pidiendo al primer ministro griego, Alexis Tsipras, que haga entrar en razón a un Pablo Iglesias a quien en su día el socialista tachó de hijo político de este “radical” heleno y de otros como los líderes populistas de Venezuela. Para superar la expectativas en este frente, siempre tendremos (vayan a saber ustedes hasta cuándo) al PP de Mariano Rajoy, ahora enrocado en un absurdo conflicto institucional que da la medida de su concepto de la democracia y que demasiado a menudo deja intuir que la quiere a la carta.

    El viernes, siguiendo la comparecencia de la vicepresidenta desde Moncloa, lo vi claro. Para ellos, el gobierno sí lo es para hacer propaganda desde ruedas de prensa-mitin como el de Soraya Sáenz de Santamaría hace dos días. Pero para comparecer y pasar un rutinario control parlamentario, no. Es lo que tiene entender la democracia en la línea de aquel anuncio de juego de mesa donde el que veía que perdía (o que podía hacerlo) se llevaba el cartón y las piezas a casa porque eran suyos y no se hable más.

    “No mayoría absoluta, no ‘party’”. Si no tienen un Congreso con votaciones aseguradas al cien por cien y con un simulacro de control parlamentario que ellos no puedan controlar y malear a placer, no juegan. Esta es la peligrosa conclusión a la que podemos llegar una mayoría si el PP persiste en su obcecación. Si insiste en contraponer ahora al abecé de la democracia y de la división de poderes aquello que ha utilizado para el caso catalán. Elaboran una lectura de las leyes y de la Constitución a medida de sus intereses y cálculos partidistas, y a partir de aquí se dedican a esquivar la política y sus exigencias más mínimas como lo son el diálogo, la negociación y el pacto. ¿Alguien entiende ahora que no quieran que sus ministros (que aún están ahí ocupando asiento, cobrando sueldo, y entiendo que haciendo algo) puedan responder preguntas en las Cortes?

    Tan incapaz y en fin de ciclo se encuentra este PP donde Rajoy replica a aquel Felipe González crepuscular que decía enterarse de la porquería de los suyos por la prensa, que ya ni su socio natural, Albert Rivera, le puede respaldar en nada. Cada vez el abismo entre ellos parece mayor, y eso ya solo lo podría salvar una nueva convocatoria electoral que revalorizara mucho la representación de Ciudadanos y que penalizara a los partidos de izquierda por no haber sabido aprovechar este pedir a gritos que lo desalojen que el PP no puede gritar más alto.

    (Para leer el artículo en EL PERIÓDICO, clicad aquí)