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- 16 feb
¿Presidente contra pronóstico?
Hace unos pocos días, un exdiputado del PP me dijo que me veía más optimista con Pedro Sánchez que muchos compañeros suyos del PSOE. No tenía razón, por dos motivos. Primero, porque incluso los socialistas más escépticos con Sánchez ya no se lo toman a broma. Y segundo, porque no se trata de ser o no optimista, sino de observar el recorrido que ha ido haciendo el líder del PSOE desde que asumió la secretaría general, y ver sus opciones si atendemos a otros casos similares que lo han precedido. Y es que no es la primera vez que precisamente porque propios y extraños subestiman a un líder político y lo dan por muerto, éste saca fuerzas de donde en teoría no las tenía, sorprende y termina imponiéndose.
Es aquello de la tensión narrativa del héroe. Lo que encontramos en todos los cuentos clásicos, y también en sus versiones más modernas. El protagonista emerge como de la nada, da unos primeros pasos en medio de una especie de simpatía general, pero rápidamente las cosas parece que se tuercen, cae en desgracia y parece que tenga que morir (en los cuentos, literalmente, en el caso de Sánchez, políticamente). Y entonces, contra todo pronóstico, por un golpe de audacia, el héroe o heroína del relato termina saliéndo victorioso.
Este final feliz no está escrito todavía para Sánchez, pero el simple hecho de que en estos momentos sea una opción plausible y con él de candidato a la investidura como presidente, ya es bastante más de lo que le otorgaba la mayoría hasta hace poco.
¿Sánchez ha hecho grandes cosas para merecer el triunfo? De momento, básicamente, resistir y mostrar ganas de salirse con la suya a pesar de las muchas y evidentes dificultades. Esto, de entrada, ya genera un plus de simpatía entre el común de los mortales, muy especialmente entre aquellos que no le tienen hecha cruz y raya ya de entrada.
La rabia nada contenida que Sánchez genera en Mariano Rajoy demuestra que al aún presidente en funciones, con él, no le sale su tradicional gesto indolente para restarle importancia. Porque sabe que la puede tener, contra todo pronóstico y rompiendo con el guión que parecía estar atado y bien atado, por aquellas cosas de las inercias de la política española, antes y después de las elecciones. El líder que lo fue por designación digital, esperando que caiga la fruta madura, frente a aquel que quiere ser su relevo, sudando la gota gorda y en teoría con pocas opciones. ¿Los tiempos han cambiado? Hagan apuestas.
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