Voto… ¿útil?

  • Voto… ¿útil?

    Las elecciones del 27-S tuvieron en Junts pel Sí una fórmula de candidatura innovadora en Catalunya, pero no exitosa del todo. La de la confluencia entre Convergència y Esquerra con el apoyo de las entidades soberanistas fue una campaña que, con el potencial que tenía, no dio de sí todo lo que pudo. Estaba bien, ilusionaba a bastante gente, pero sobre todo a votantes que ya tenían decidido votar a esta opción e ilusionarse a toda costa. La campaña, pues, seguramente no sumó. Le faltaba algo. Convicción de todos los implicados en la fórmula y, muy especialmente, en lo que debía ser para convertirse en verdaderamente útil.

    Esto está ocurriendo ahora también con la campaña del 20-D, con Convergència y Esquerra por separado, pero con ellos y los votantes soberanistas con poca convicción, en esta ocasión, sobre la campaña en general y a propósito de la utilidad de unos comicios que, al igual que los del Parlament, tendrán consecuencias que se dejarán notar durante bastante tiempo.

    El proceso soberanista está estancado y la sensación de muchos votantes soberanistas es que esto ocurre a pesar de su movilización sin precedentes en los últimos años y a pesar de mayorías soberanistas en el Parlament que superan la absoluta. Y tienen razón. Los apelaron al voto de su vida (el eslogan de Junts pel Sí) y se movilizaron, pero otros optaron por el ‘Governem-nos’ de la CUP y la dispersión del voto sumó al actual entuerto.

    Pero lo que muchos no contemplan suficientemente es que la movilización soberanista de los últimos años ha ayudado a mantener una variable que diferenciaba claramente el mapa catalán del español: la suma en escaños (y en porcentaje) de las fuerzas catalanistas superaba el de las fuerzas antiproceso. Esto no está tan claro que vuelva a pasar el 20-D.

    Convergència y la CUP han quedado tocadas por la gestión del escenario posterior al 27-S. Esquerra no, aunque ahora ya hay voces en el partido que tienen ganas de esperar a desenlazar el acuerdo para formar Govern tras las elecciones españolas, con un cálculo que puede hacer daño a sus siglas y al conjunto del proceso. Dicen que si ganan las españolas o quedan por delante de Democràcia i Llibertat, habrá que revisar la distribución de fuerzas en el futuro Govern, ahora fijada en 60 a 40 a favor de los convergentes.

    ¿Se imaginan este debate justo después de desenlazar el calvario de la investidura sí o no? Pues eso. El voto de una vida. Quizá la última de un proceso que, al estilo de los gatos, ya ha gastado muchas. Porque, o los partidos independentistas convencen rápidamente (con convicción) de la utilidad de su opción de voto, o su imagen como sinónimo de problema y de mayoría inoperante irá cuajando, y regalará la idea de “solución” a otros que no han hecho nada para merecerlo.

     

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