Un país lleno de ilegales

  • Un país lleno de ilegales

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    La idea de considerar a un ciudadano ilegal la he encontrado siempre grotesca, pero en el Estado español se constata, desde ayer, que aparte de hacerlo con gente sin los papeles en regla se hace también con gente que simplemente vota, o mejor, que simula que lo hace. La vida. España. A pesar de que justo es decir, en defensa del Tribunal Constitucional y de la apisonadora institucional española en conjunto, que tampoco se podía esperar otra cosa. Son como son. Y muy contentos que están de ello. Este es el único lenguaje que entienden. El de vencer, no convencer. Por lo civil o por lo criminal, que diría Inda. Y así, una vez más, cuando el proceso soberanista pasaba por sus momentos más bajos en bastante tiempo, llega el revitalizante habitual en forma de showroom exclusivo y de recordatorio: esto es lo que hay. Dicho en clásico: “Esto es España”.

    De hecho, sólo en España se sostiene como si nada, no a sólo ministros carbonizados y comidos por el desprestigio y la sospecha, sino también especímenes como una vicepresidenta del Congreso que en el más importante debate parlamentario del año (y en funciones de presidente) juega a Candy Crush mientras habla su líder y faro que la ilumina. Sólo en España pasa eso y tantas otras cosas como por ejemplo que 2’3 millones de ciudadanos participen de aquello que el Constitucional considera fuera de la ley, y que aquí no pase nada. ¿Que no nos tendrían que enchironar a todos? O inhabilitarnos como mínimo, ¿no? O citarnos a declarar ante un juez. Pues no, tenemos un país, Catalunya, lleno de ilegales según el TC, pero nada pasará, “porque esto es España”. Porque esto no es serio. Porque precisamente por todo esto hay mucha gente que, después de aplicar toda la paciencia y la presunción de bondad del mundo a un interlocutor impertérrito, ha visto claro que como mínimo se tendría que poder votar para decidir soltar lastre o bien entregarse definitivamente a un estilo que quizás si te sumas a él con los brazos abiertos aún, mirándolo bien, puede dar sus puntuales alegrías. Mala conciencia la tendríamos seguro, pero algún momento de euforia de aquellos que reporta la victoria, también tendría su gracia, ¿verdad? Y está claro que si estás con el TC y su presidente del PP, esto acostumbra a ser la norma.

    Lo que ha pasado con la anulación de los tramos clave de la ley catalana de consultas y con la convocatoria del 9N estaba cantado. Muy bien, pero a partir de ahí, lo interesante es la reacción. Da miedo pensar que los partidos catalanistas (sabiendo que esto pasaría) en el mejor de los casos no hubieran pensado en una respuesta unitaria y contundente, que no se ha dado. En el peor de los casos podemos entender que pensaron en ello pero que, en su línea, ni en eso no pueden ponerse de acuerdo. Preocupa, todo ello. Igual como indicadores estilo la comisión del caso Pujol y el bajísimo nivel y preparación que mostró todo ese momento. ¿Aquí también somos así? ¿Sí? ¿De verdad? ¿Nuestra política ya se ha rendido a ello? ¿Del todo? ¿Verdad que da miedo, sólo de pensarlo? Pues ánimos que de aquí al 27-S, y con unas elecciones municipales de por medio, aún el país está a tiempo de reaccionar. Si su gente lo quiere, está claro.

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