La autoparodia del 9N

  • La autoparodia del 9N

    rajoy

    Al crac económico que no cesa, que ha dejado a millones de ciudadanos en la cuneta o sin perspectivas de futuro plausibles, España ha sumado una manifiesta quiebra democrática que el domingo ofrecerá una imagen al mundo que dejará en evidencia mucho más que a un gobierno y a un presidente que ni lidera ni soluciona problemas ni es capaz de articular dos palabras en inglés cuando va un poco más allá de sus fronteras. Porque el domingo, si en Catalunya la ciudadanía se moviliza como nunca antes lo ha hecho (y hará falta que así sea), explicará al mundo sin palabras, nítidamente, como es que reclama muy mayoritariamente el derecho a poder votar si quiere seguir en este contexto democráticamente tan absurdo e insuficiente que incluso se autoparodia sin manías y exponiéndose como si nada en la mirada estorada de los otros.

    Pero ojo: la autoparòdia a que domingo se someterán Rajoy, el gobierno de Madrid y su peculiar concepto de democracia en España no se lo han hecho ellos solitos ni la culminarán domingo en solitario. Y aquí ha habido, y hará falta que sigan estando en bloque, dos actores clave que no han fallado: las instituciones democráticas catalanas y su sociedad civil más activa y propositiva. Y hay que reconocer esto tanto como es debido advertir que el proceso no está culminado y que reclamará aún mucho más de todos ellos, si es que de verdad quieren y merecen aquello que dicen defender.

    El presidente Mas ha hecho bastante más de aquello que le exigían las tradicionalmente muy calculadas promesas electorales de CiU. Está impulsando desde la máxima institución política catalana aquello que pocos (incluso de los suyos) se habrían imaginado nunca. Y todo con una pulcritud que ha driblado el ridículo o la caricatura donde Rajoy cae a diario vía selfie por ejemplo mirando de prohibir el derecho de los ciudadanos a expresar libremente su opinión.

    Pero Mas, y con él el gobierno y una mayoría amplísima del Parlament, han hecho esto por méritos propios y también por el impulso de una sociedad civil que el domingo tendrá que volver a responder como en pocos rincones del mundo se reclama. Tengámoslo claro: el domingo no va del porcentaje de “sí” o “no”, porque desgraciadamente este escrutinio nos lo reventó Madrid. Este domingo va de inundar las calles que rodean los puntos de votación y de ofrecer en el mundo una imagen que valga más que mil palabras. Que deje en evidencia, de nuevo, a una democracia española en quiebra y de la cual muchos, legítimamente, quieren marcharse. ¿Cuántos? Estamos camino de contarlo, no sólo el 9N pero también. Porque este domingo, quienes crean en ello tendrán que votar también por ellos: por quienes desde Madrid y desde fuera tendrán que ir entendiendo que eppur si muove, que esto ya muy difícilmente se parará, y menos en un contexto democrático tan autoparódico y deficitario.

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