Partido a partido

  • Partido a partido

     

    Escucho a José Manuel García Margallo y recuerdo el guinyol de José Bono cuando era ministro de Defensa y heredó la cabra de la legión (de nombre Blanquita) que años antes le anexaban siempre en escena al muñeco de su predecesor Federico Trillo. Escucho el exprogre oficial del PP Alberto Ruiz Gallardón hablando del aborto de su retrógrada ley de idem y excusándolo en la atención que dice que ahora les requiere de todas todas el proceso soberanista, y me viene a la cabeza la imagen de un señor vestido de Napoleón pero con un barquito de papel por sombrero y con una trompeta en la boca. Y sí, me distraigo. Nos tienen bastante distraídos con aquello que ellos estigmatizan como “el monotema”, que no es otra cosa que el debate catalán que ellos cronifican con su enroque, y que tanto van alimentando con la confianza en que los partidos catalanistas ya rematarán haciéndolo saltar por los aires ellos a solas. Pero tengo la intuición que esto (en contra de todas las previsiones) podría no acabar pasando. El Debate de Política General de esta semana en el Parlament apunta a ello. Sí, sí, como lo leen, y no se me distraigan.

    Al final, tengo la tendencia a leer buena parte de aquello que nuestros políticos dicen (que es aquello que vemos el común de los mortales) en clave de maniobras de distracción. Gesticulan, marcan perfil, elevan la nota, se espetan directas e indirectas, fijan posiciones en algunos casos maximalistas, en otros posibilistas pero igualmente contundentes, pero todo ello no rompe nada. De momento no. En varias ocasiones parece como si esto estuviera a punto de pasar, pero se conjura. Y a cada momento clave, a cada nuevo escollo, a cada cita crítica, nueva prueba superada y hechos (por ejemplo en forma de votaciones y de pactos) que se abren paso entre una hojarasca declarativa que llego a la conclusión debe tener un cierto punto de cálculo. Quiero creer. Tengo esa intuición. Y cuando pregunto a alguno de los implicados no me dicen que sí pero tampoco me lo niegan. Y ellos van tirando, el gobierno y los partidos catalanistas, con la filosofía del Cholo Simenone: partido a partido, como si cada uno de ellos fuera una gran final. ¿Extenuante? Sí, bastante. Pero va dando buenos resultados.

    ¿Y saben aquello de los árboles que no nos dejan ver el bosque? La expresión describe una circunstancia que pasa a menudo, cuando nos obsesionamos con un asunto secundario que no nos permite suficiente amplitud de miras para atender al conjunto de la realidad que tenemos delante. Pues creo que es bastante eso. ¿Y cómo es que les hablo de maniobras de distracción? Porque todo ello nos tiene a muchos catalanes a menudo desconcertados y a muchos catalanistas a menudo inquietos, pero también tiene al gobierno español quizás demasiado confiado… ¿hasta que sea demasiado tarde?

    A cada paso adelante, a cada “partido-final” de aquellos que parece imposible que el catalanismo político supere unido como finalmente consigue, Rajoy y los suyos no saben como reaccionar, y de hecho no lo hacen más que con el enojo, la amenaza y la impotencia de quien ve que algo le escapa del control pero no acaba de captar del todo qué es. Y creo que se trata de Catalunya, no los partidos catalanes. Y ellos van tirando. ¿Con paz y armonía? No, quizás sería pedir demasiado. O quizás es que simplemente no conviene. Díganme optimista. O realista. O ingenuo. O bien informado. En breve, una nueva final. Nos vemos en el estadio.

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