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- 04 sep
CiU, ERC y el efecto bumerán
Si alguien dice que ahora es la hora del sentido común no está infiriendo directamente que antes no lo haya sido y que todo el momento político que vive Catalunya haya sido gestionado o impulsado más con los pies que con la cabeza. Simplemente, cuando se advierte que ahora es la hora del sentido común, creo que es evidente que se pone en valor que ha llegado la hora de la verdad y que cae por su propio peso que los partidos políticos catalanistas tendrán que interiorizar como nunca (y demostrar con hechos que actúan en consecuencia) que juntos llevarán a Catalunya allá donde han dicho que se comprometen o que, juntos también, irán a parar al fondo del pozo.
Ante esta realidad sobran ingenuidades. Y así, por ejemplo, sobra echarse las manos en la cabeza porque ERC haga posible una comisión de investigación sobre el caso Pujol, igual como no viene a cuento lamentarse por los ataques de Madrid. Es del todo legítima cierta gesticulación política partidista que no haga extensivas las lacras de los unos a sus socios, igual como legítimamente el Estado tira de fuerza y de cloaca para defender aquello que cree oportuno. ¿O qué nos pensábamos? Ahora bien, esto atendiendo a un objetivo último que tanto por parte de los partidos catalanistas como por parte del poder español tiene que ser una idea de país y de cómo asegurar su supervivencia. Y aquí cada cual tendrá que hacer sus deberes.
En Madrid ya los hacen como saben. Y en Catalunya, los deberes de los partidos catalanistas (que sumarán mucho o harán todo lo contrario con los del conjunto del país) pasan para gestionar de forma inteligente y habilidosa una situación endemoniada por complejísima. Pero nadie dijo que esto sería fácil. Y aquí CiU y ERC tienen la gran responsabilidad. Y sí, dan la sensación de estar acorralados, y así los ven en Madrid, y lo celebran y se crecen, y esto es ideal porque cuando más se confían y se sueltan es cuando más acostumbran a errar. Pero hace falta reacción, evidentemente. ¿Cuándo llegará? Nadie lo sabe y creo que esto es lo mejor de todo.
Porque sí, tenemos una CiU en un estado de shock permanente, con su gente nadando entre el agotamiento, la perplejidad y el cabreo, que ahora lo es sobre todo con ella misma o con aquellos que la lideran o que lo han hecho de siempre. Pero, ¿y mañana? Ahora van como a remolque de todo, y se entiende porque les caen los misiles por todas partes, pero es en las situaciones extremas cuando el ser humano reacciona de las formas más impensables. Es aquello del instinto de supervivencia, que hay que hacerlo salir básicamente cuando hace falta. ¿Les saldrá, en CiU? Es eso o una muerte (política) segura. Por lo tanto, tendrá que haber reacción. A ver cómo y contra quien la giran, y con qué fuerza. ¿Y ERC? También tendrá que tomar decisiones como nunca antes y salir de su propio dilema, que la hace vivir entre mantener y potenciar la expectativa de éxito particular, y decidir sacrificar eso al servicio de un éxito compartido (ahora todavía incierto).
Habrá que ver si la expectativa de fracaso de los unos (CiU) y la expectativa de éxito de los otros (ERC) se gira contra aquellos que más confían en ello para hacer saltar por los aires el proceso. Al final, todo ello dependerá mucho de la reacción de estos dos actores políticos clave en el momento preciso. De la reacción de actores individuales y colectivos que hagan un oportuno cambio de mentalidad y dejen de ir a remolque de la tormenta que los rodea y de lo que han hecho y han estado en escenarios tradicionales que no sirven para el momento extraordinario que vivimos. Porque en grandes momentos históricos lo más impensable ha desencadenado escenarios del todo improbables. Y si convenimos que lo más probable a fecha de hoy es un gran descalabro, ojo con el efecto bumerán. El país de amateurs y de chiruqueros que a menudo proyectamos que políticamente somos puede reaccionar ahora cuando menos lo espera nadie. De hecho, el sentido común dice que o será ahora o quizás ya unas cuantas generaciones no lo verán.
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