Problema en “Pollença”

  • Problema en “Pollença”

     

    Agatha Christie pasó más de un verano en el Hotel Barceló Formentor de Mallorca. Y allá se inspiró para escribir ‘Problema en Pollença’, en un volumen compuesto de ocho cuentos cortos con Parker Pyne, Miss Marple y Hércules Poirot de protagonistas. Ahora les diré por qué en el título de este artículo allá donde dice “Pollença” tienen que leer “PP”.

    La historia de Agatha empieza así: “El vapor de la línea Barcelona-Palma dejó a Parker Pyne en esta última capital a las primeras horas de la mañana. Enseguida, Parker Pyne tuvo una desilusión. Los hoteles estaban llenos y todo lo que le pudieron ofrecer era una pequeña cámara sin ventilación, con vistas en un patio interior, en un hotel del centro de la ciudad”. De allá se marchó a Pollença en taxi, pero no les explico nada más para no hacer de spoiler y reventarles la historia. En todo caso, allá encontró “problemas”.

    No lo ven todavía, ¿verdad? Ningún problema: les explico ya el paralelismo. El PP de Fraga que decía “a mí derecha, nada” (y cuando decía nada se refería al acabado de finar Blas Piñar y a cuatro más que era obvio que políticamente nunca harían nada de sustantivo) empezó un viaje turístico al centro hace unos cuántos años (digamos décadas). Pero al llegar ahí (o mejor, al aproximarse) encontró que aquello no era exactamente de su buen grato. Se había creado unas expectativas que no se cumplieron. Nada en primera línea de mar, ni terracita con vistas. Sacrificar su alma netamente derechista le ahogaba, le hacía sentirse incómodo y recluido, y así fue como con la primera mayoría absoluta, Aznar cogió el taxi y fue a un lugar (no hablamos ahora de Quintanilla de Onésimo -Redondo-) donde en teoría se sentiría mejor (con hotel bien al lado del mar) pero más pequeño. Y ahora que me perdone Pollença por la metáfora, totalmente circunstancial. Allá se desplazó el PP, a la derecha, pero sus problemas no se desvanecieron. Más bien al contrario.

    El PP de Rajoy ha seguido un proceso similar. En la oposición (sobre todo una vez empezó a divisar la opción clara de victoria) quiso residir en el disputado centro, pero una vez de nuevo con la mayoría absoluta se vio de nuevo irracionalmente empujado a un espacio pequeño donde se siente cómodo: la derecha más derecha, el españolismo más españolista. Ley del aborto, Ley Wert, recentralización, Ley de seguridad ciudadana… Pero miren por donde que a este pequeño reducto (de voto) ha querido volver pensando que no merecía la pena disputar un espacio de centro demasiado apretado y pesado, pero, ay, en esta ocasión ya incluso aquí ahora no encuentra espacio. Se han ubicado a placer Ciudadanos y UPyD en el españolismo, y parece que un veraneante de última hora, Vox, se quiere plantar ahí temporalmente desde el españolismo más radical. Quizás sólo lo hace unos mesecitos y de cara a las elecciones europeas, pero será precisamente aquí donde el PP puede sufrir un descalabro que marque su suerte de futuro y de su legislatura, si finalmente no encuentra espacio ni en el centro ni en la derecha más extrema ni en el españolismo más rancio. 

    Podría pasar perfectamente. De hecho, su lenguaje exuda la desazón ante esta perspectiva. Montoro y las balanzas fiscales que esconderá. Camacho y las comparativas de la Catalunya del presente con el Euskadi donde ETA mataba. Es esto y otros muchos casos de incontinencia derechista que los está traicionando y que pone la desesperación a corazón abierto. A la postre, al final de todo ello no los podrá salvar nadie más que un PSOE tan desubicado o más que ellos, ayer por ejemplo pactando controles previos que desde Madrid puedan evitar que una autonomía convoque un referéndum para aprobar un estatuto donde se intuyan indicios de inconstitucionalidad. Gran viaje, el del PSOE de Rubalcaba, a ninguna parte, en el mejor de los casos, y en el peor, camino de dejar una parcelita donde el PP pueda ver un poco de Sol. De hecho, si no fuera por eso todos estaríamos hablando ya del problema (gordo) que hay en el PP (no en Pollença).

    (Para leer el artículo en El Singular, clicad aquí)