-
- 13 dic
¡Victimistas! ¡Hispanóbofos!
El gobierno de Catalunya monta exposiciones con nombres tan entrañables como Cataluña en la España moderna o Cataluña, tierra de acogida, y en el Estado español, ni caso. Las hacen en Madrid y las rellenan de encuentros y de diálogos entre intelectuales, y pasando. “Ya se lo harán”, venían a decir en aquellos tiempos con gobiernos de Jordi Pujol que todavía creían en aquello de la pedagogía mal entendida, es decir sin un mínimo quórum de audiencia con ganas de aprender nada. Eso sí, ahora se organiza un simposio de nombre “España contra Catalyña” y saltan las alarmas. ¿Y que no es bonito, eso? Para que después nos vengan a decir que ellos están por el diálogo y que no les va la confrontación ni el choque, ¿verdad? Sí, sí, está clarísimo.
El unionismo y su intelligentsia han sido durante décadas tan hegemónicos en el discurso de lo políticamente correcto, que ahora, desfasados bastante en conjunto, todavía no saben asumir con un mínimo decorum que muchos de sus argumentos son clara minoría (y no precisamente selecta). Y así los seguimos teniendo, repartiendo carnés de demócrata, y elaborando programas de actos (en el aire) de instituciones gobernadas por unos señores que representan a una mayoría de la sociedad que hace no mucho volvió a votar en las urnas y que, ¡mira por donde!, piensa diferente que ellos (cosa que su sectarismo no metabolitza que pueda pasar).
“El castellano nunca fue lengua de imposición”, dijo el Borbón. Y se quedó tan ancho, y seguramente lo aplaudieron con las orejas unos cuántos de quienes ahora acusan al Govern y al Centre d’Història Contemporània de montar un simposio (“España contra Catalunya”) que aseguran es un “insulto”. Los aborígenes de América Latina y algunos de nuestros abuelos que vivieron el franquismo todavía se deben de remover a la tumba, desde aquellas declaraciones del monarca. Pero esto se ve que no ofende más que a aquellos que tienen una obsesión enfermiza con el “victimismo y la hispanofòbia”. Vaya, que los unionistas, los tronats y no tronats, nos vienen a decir que hacer cosas de estas ya son ganas de confrontamiento y de gastar dinero. Que nos saldría a todos más a cuenta (sobre todo a ellos) no hacerse muchas preguntas y asumir deportivamente el derecho de conquista (y sus consecuencias), que no va contra Catalunya en particular, sino que es en general de tipo expansivo y que comporta inevitables daños colaterales, menudeces, que no merecen ni comentario. Muy propio de España “moderna” y “de acogida”. Con razón no entendían aquellas exposiciones de los tiempos de Pujol que, sin duda, sirvieron de mucho, básicamente aquí, para convencernos de su inutilidad y para animarnos a abrir otras vías de debate.
(Para leer el artículo en NacióDigital, clicad aquí)




