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- 26 dic
Cosas de la Navidad que me ahorro
Yo el martes no miré el discurso de Juan Carlos I. Tampoco miré el sorteo del Gordo de Navidad ni el carrusel de imágenes de gente histérica (por agraciada con premio) que mostraron (como siempre) los informativos. Hay cosas de la Navidad televisiva que miro de ahorrarme. Porque soy mucho de vergüenza ajena, yo. Y también porque miro de ahorrarme tanto como puedo disgustos innecesarios, por ejemplo al pelo de sufrir expectativas frustradas a propósito de la racionalidad de otros. Más o menos por lo mismo, tampoco miro los especiales que conducen cantantes como Raphael o Miguel Bosé que, el uno de una España y el otro de la otra, hacen cosas que para un servidor parecen igualmente de otra galaxia. No soy de ese mundo que por otro lado conozco tan bien. Muchísimo. Demasiado como para esperar casi nada de ello. Por ejemplo del discurso de Borbón.
Pero después ahí está mi profesión y periodismo manda. Tuve que escuchar los resúmenes de la alocución real desde Zarzuela y tuve que ver aquella escenografía siempre tan y tan sutil, esta vez con librito de la Biblia Moderna Española (véase Constitución) encima de la mesa del monarca y con foto al fondo de una reunión con representantes de víctimas del terrorismo (que seguro-seguro que siempre la tiene allá y no nos la va encasquetó para ahorrarse alguna de su familia, por aquello de unos cuántos que han ido cayendo por su “ejemplaridad”). Y ya está. Ningún otro interés. ¿Qué esperaban, algunos?
Ayer veía también al bueno de Jaume Collboni, portavoz del PSC, haciendo muchos esfuerzos para encontrar y destacar algo de positivo en el discurso del Borbón. Hacía casi tantos esfuerzos como cuando tiene que justificar según qué cosas de Pere Navarro en las que no cree para nada. Pero este es el papel que corresponde a quienes políticamente han jugado todo aquello que les queda al negro, es decir, al marronazo inmenso de mirar de vender que todavía hay algo a hacer (o a esperar) con el Estado español.
“Cumplir y hacer cumplir la Constitución”, de donde no se mueve el PP. Atenerse a “las reglas de juego”, como dice el progre Rubalcaba. “Mejor unidos”, en la línea Ciutadans. “Victimismo”, de aquello que acusa constantemente a los catalanes el PP… catalán. Y apelaciones retóricas (sin contribuir a ello en nada) al “diálogo”, como hacen todos los citados en este párrafo. Esto hizo en su discurso el rey español. ¿Y que esperaban? ¿Algún “gesto”? ¡Ah, claro, que es Navidad y estos días, como decía el mítico maestro de periodistas Carles Soldevila, “somos racionales, pero no tanto”! Pues nada, hagan como un servidor y ahórrense por Navidad cosas de estas. Disgustos absurdos, por ejemplo.
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