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- 29 oct
El verdadero drama del PSC
Había una canción de Los Secretos que decía “tuviste una oportunidad y la dejaste escapar”. ¿Verdad que Esquerra despunta a todas las encuestas, capta nuevo voto y todo el mundo le dice que lo hace tan y tan bien? ¿Y verdad que nadie le reclama que “recupere” a políticos como Josep-Lluís Carod-Rovira, que en su día dejaron la formación? ¿Y pues? ¿Cómo es que en un PSC que va en caída libre elección tras elección y encuesta tras encuesta hay tantos que le señalan el caso de Montserrat Tura como síntoma de su drama? Respuesta rápida: porque se equivocan. Pero no van mal del todo. Porque está claro que Carod y Tura tuvieron su momento y su oportunidad política (ya finada) de hacer (y deshacer), pero mientras que en ERC ciertas bajas han sido suplidas por savia nueva, discurso renovado y equipo con liderazgo que suena a futuro, en el PSC da la sensación que manda la familia de siempre, que siguen dando vueltas al discurso de siempre y que tienen un líder con buena fe pero poco líder, poco inspirador y con poca capacidad de sumar ya no sólo la generación Tura, sino una nueva que reimpulse el proyecto.
Tura y su marginación del PSC actual no es el problema. No el más grande, en todo caso. Denota el descuelgue de una generación y de un extracto sociológico y cultural que ha ido abandonando el Partit dels Socialistes, pero esto podía pasar. ¡Ahora! Aquello que ningún partido no tendría que poder asumir es anexarse a la imagen nihilista de no future. Y el PSC lo está haciendo. Proyecta toda la sensación de no dialogar con su pasado, pero tampoco con su futuro, centrado como lo está en su “hamletiano” monólogo de presente. Y no remonta el vuelo en gran parte por el papel que Pere Navarro reserva a activos jóvenes y con ideas como Laia Bonet, Toni Comín o Jordi Martí Grau. De momento les tiene asignado un no papel. Y ellos van aguantando, también de momento. Pero no suman porque no les dejan.
Durante años, dirigentes del PSC (que todavía lo son ahora) me decían que el gran drama político de la Catalunya de la última década ha sido un Parlament donde indefectiblemente ERC ha ido teniendo la clave de la gobernabilidad. “Una ERC immadura y con poca cultura de gobierno”, me decían, y ellos a ir repartiendo carnés de madurez democrática y de governanza cuando en su casa no predican con el ejemplo y ahora se tienen que ver con perspectivas electorales que los deja lejos de la mayoría y cerca de ser incluso irrelevantes como partido-bisagra. Este es su gran drama, que en parte puede serlo también del conjunto del país si de esta descomposición sólo se benefician la ingobernabilidad y Ciutadans.
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