¿Sintonía o sincronía?

  • ¿Sintonía o sincronía?

    Esta semana, a Convergència, dos políticos (uno en ejercicio, el otro en teoría ya no) le han dado dos alegrías. En medio de la preocupación generalizada (aunque evidentemente no unánime) sobre el presente y el futuro político de Oriol Pujol y las siglas que le van adjuntas, dos Joseps le han regalado un par de buenos momentos: el líder de Unió, Josep Antoni Duran Lleida, con su última posición en la valoración ciudadana de líderes a través la encuesta del CIS, y Josep Piqué, por lo que consideran la apuesta del Cercle d’Economia por la consulta, «a pesar de su presidente».
    Duran y Piqué, con unas relaciones siempre controvertidas con Artur Mas , son percibidos como «políticos del pasado» por una parte del núcleo duro del president , inequívocamente soberanista y generacionalmente muy lejos de los dos veteranos de Unió y el PP. El mal de estos, así, se decodifica como el de una etapa política que la nueva hornada convergente considera absolutamente pasada. Su horizonte es la independencia de Catalunya. Y este factor, junto con el generacional, los tiene abocados al pacto con ERC.
    El viernes, en la comparecencia del conseller Francesc Homs en el Parlament para explicar las líneas maestras y objetivos de su departamento, el portavoz popular, Enric Millo, y la portavoz de Ciudadanos, el expopular Carina Mejías , coincidieron en reprochar a la portavoz de ERC, Marta Rovira, que en su parlamento «defendiera» a Homs: «No es necesario que le defienda, que ya lo hace solo», coincidieron. Pero no es cierto.
    El proyecto del actual Govern no lo defienden solo en cuanto a su eje central enfocado al ejercicio del derecho a decidir, Mas y sus fieles. La actual Esquerra y la generación de Oriol Junqueras y Rovira se identifican, en cuanto a objetivo prioritario, con esta «nueva política» catalana. El problema que tienen, unos y otros, CiU y ERC, es que para las respectivas parroquias la sintonía no puede proyectarse como sinónimo de igualdad total de proyectos.
    «Sincronía, no sintonía», defiende uno de los hombres de Junqueras para describir cómo «vender» la relación. Cuando sincronía significa «coincidencia en el tiempo de varios hechos o circunstancias». Pues eso.
    «Y a esperar que ningún caso de corrupción no nos salpique a nosotros (y a contrastarlo con CiU y otros), y a confiar que CiU actúe contundente contra sus casos (y a exigírselo públicamente), y a votar el presupuesto (aunque toque elevar la nota tanto como sea necesario para proyectar las diferencias que nos separan)». En eso confían en ERC para poder seguir haciendo como de oposición pero no.

    (Para leer el artículo en EL PERIÓDICO, clicad aquí)