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- 23 feb
Rajoy tuerto, alternativa ciega
Que tu adversario político esté fatal no garantiza que tú estés bien. Lo demuestra un Mariano Rajoy que en el debate de política general en el Congreso defendió su discurso (de nuevo) sin convicción y sin mostrar una suficiente empatía con el grave momento que vive mucha gente. No ve demasiado bien la realidad que le rodea. Y eso es un problema, de momento, no tanto para él como para el resto.
Rajoy solo supo responder a los ataques de Rubalcaba con frases efectistas y demagógicas, como aquella que le dedicó diciendo que su partido no ha sido condenado por corrupción mientras que el PSOE sí. Gran cinismo. Gran tomadura de pelo que nadie más que sus entusiastas compra. ¿Pero cuál es su suerte? Que Rubalcaba, como hipótesis de líder alternativo, tiene un inmenso problema de credibilidad. No cuela. Igual que tampoco puede cuajar como abanderado de la regeneración de un sistema del cual él es icono. Ha sido portavoz del Gobierno en dos etapas crudas y muy generadoras de antipolítica.
El miércoles, en el grupo socialista había quienes justificaban el flojo papel de Rubalcaba por su disgusto con las manifestaciones de Pere Navarro unas horas antes, con su inoportuna propuesta de abdicación del Rey. Ya son ganas de querer justificarle, cuando es obvio que no necesita a nadie que le ponga la zancadilla. Se contraprograma solo, con su pasado. Y si bien es cierto que de un tiempo para acá tenemos que interpretar las intenciones de Carme Chacón vía movimientos y palabras de otros, el PSOE no debería buscar fantasmas. Eso de Navarro hubiera sido demasiado explícito.
El gran drama de la política española es que Rajoy no tiene una alternativa creíble. Dicen que en el país de los ciegos el tuerto es el rey. Y así reina él en el Congreso, a pesar de su escasa visión política y social.(Para leer el artículo en EL PERIÓDICO, clicad aquí)



