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- 29 nov
Gen convergente, gen ERC
Hay como un gen en el ADN de la buena gente de Esquerra, que se activa de forma habitual: es el gen anticonvergente. Está siempre ahí. De encima no se lo sacan. Pero a ráfagas hay quien lo desactiva. Oriol Junqueras, por ejemplo, muy inteligentemente, durante la precampaña y la campaña electoral oficial lo desactivó. El suyo y el del relato del partido. Lo convirtió en un pseudogen, que es como se conoce a los genes no funcionales, que están ahí pero que no afectan al organismo.
Mucho votante no avisado de la existencia de este gen creyó que no existía. Otros pensaron que aquello había sido una afección pasajera de los tiempos de Carod y Puigcercós. También los hubo que creyeron que el nuevo líder lo había dormido para siempre. Y los votaron. Pero no. Ahora sólo hay que darse una vuelta por la red o empezar a ver según qué declaraciones de algún prohombre republicano, y se capta fácilmente cómo el gen anticonvergente quiere volver a sacar la cabeza.
Por otro lado, en Convergència también tienen un gen que los caracteriza y que durante ciertas épocas parece como que no esté ahí, pero lo está. En su caso hablamos de uno de muy concreto y que se manifiesta en la buena gente del partido cuando toca poder: es el gen sobrado, con una tendencia a activarse ante la propia parroquia y cercanías, pero no tanto con grandes antagonistas. Es una mutación rara, ya lo ven, y justo es decir que en este caso no afecta la base tanto como la cúpula de la casa. ¿A toda? No. ¿Pero de forma habitual? En Convergència sí.
Y bien, el caso es que estaría bien que ahora, unos y otros, convirtieran en pseudogenes, estos de tan anómalos y distorsionadors. ¿Que no puede ser por siempre jamás? Pues que los anulen, como mínimo, durante un tiempo. Lo justo para que el país avance como unos y otros nos dijeron que ahora impulsarían. El tiempo necesario para evitar que entre todos, como país, hagamos uno de aquellos ridículos históricos que salen en los libros. Que los unos no se sobren, que busquen la empatía sincera con el otro, que no lo obliguen a estar en el Govern para cumplir aquello que ya consta en el propio programa electoral. Y que los otros superen sus paranoias anti y garanticen (de verdad) la estabilidad que este Govern necesita, para ayudar a tirar adelante el duro día a día y para poner rumbo a la consulta por el Estado propio. No hay prisa, pero es necesario que se pongan a ello ya.
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