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- 04 oct
Dejen hacer a Navarro
El circuito mediático audiovisual que le han montado a Pere Navarro desde que el pasado domingo fue escogido candidato a la presidencia de la Generalitat no ha sido lucido del todo. Más bien al contrario. Dos ejemplos: martes, momento entrevista en contra-programación a un partido de Champions del Barça. Ayer miércoles, a las 00.20h, a El Debat de la 1. Para público selecto, vaya. Pero la oposición, el hecho de mandar poco y que los medios te identifiquen en un momento débil no ayuda. No se lo tengan en cuenta a su equipo de prensa.
En cambio, a quien sí habría que reprochar cosas es al ala catalanista del PSC. A esa especie de leyenda urbana de quién muchos hablan pero que nunca nadie ha visto articulada como tal, como sector, como grupo. Ayer le hizo un doble regalo a Navarro: Ernest Maragall sale y dice que a día de hoy no votaría PSC, y él y otros compañeros de su presunto sector presionan a la cúpula para reconocer Catalunya como “un sujeto con soberanía propia”. Lo reclaman Castells, Maragall, Geli y Ros, entre otros.
¿Discrepo de la petición o de la duda existencial y de voto de Maragall? No. Él tiene derecho a dudar tanto como quiera, especialmente ahora que le han confirmado que no irá en las listas. Y él y los otros tienen derecho a reclamar una cosa que Cataluña merece evidentísimamente. ¡Ahora! La duda razonable me asalta cuando me pregunto dónde estaban estos señores este fin de semana cuando se votaba candidato socialista a la presidencia de la Generalitat.
A Montserrat Tura no la he visto entre los firmantes del documento donde se hace ahora la reclamación a Navarro. Y domingo, cuando ella compitió con el primer secretario por la candidatura, la vi más sola que la una. ¿Dónde está el sector? ¿Dónde está la valentía? ¿Dónde está la suma? Me lo pregunto y no me lo sé contestar. No sé qué aporta el grupo (nada articulado), ruido a parte, a un proceso y a un momento ya bastante confusos de por si en la familia socialista.
Ante esto veo claro que Navarro debería tener las manos libres y menos obstáculos internos (que se suman a los externos) para, como mínimo, probarlo. Y si fracasa como lo vaticinan todos los sondeos, que como mínimo lo haya hecho por méritos propios, no porque le hayan hecho la vida imposible compañeros de su propio partido que a la hora de la verdad no han dado un paso adelante para disputarle la candidatura. Él como mínimo ha puesto la cara ahora que el horizonte electoral socialista pinta negro. Los otros, si esperan a ponerla el día después de un descalabro que ellos hayan ayudado a incentivar, quizás que se ahorren el gesto.
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