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- 28 oct
Construir y destruir
Mientras encuestas como la de ayer de EL PERIÓDICO suman datos que reiteran claramente que en Catalunya existe una sintonía creciente con algo tan constructivo como el derecho a decidir, la alternativa a esta opción básicamente propone destruir. Ya sea expectativas, ya sea ilusión, ya sea, incluso, la convivencia. Porque eso es en lo que se está trabajando muy especialmente desde el PP, pero no solamente.
El miércoles, un José María Aznar en estado puro lo dejó claro. Dice que la fractura de España pasaría antes por la fractura de la sociedad catalana. Se agradece, al menos, la sinceridad de admitir el propósito de lo que buscan ataques y polémicas impulsados desde fuera de Catalunya en los últimos tiempos, por ejemplo a colación de la lengua, de las escuelas o del origen de catalanes que llevan décadas en el país y a los que ya hay quien reclama ante una hipotética independencia. Muy grave. Y peligroso.
Poca o nula voluntad ha existido siempre en Madrid de construir un Estado español plurinacional, pluricultural y plurilingüístico, y ahora la alternativa que se propone desde los sectores más duros del españolismo es la recentralización o trabajar por la fractura de una sociedad catalana sinónimo de integración y de convivencia a la vez que de fuerte sentimiento nacional y contrastada resistencia a los intentos de destrucción.
De eso van los ataques de Cospedal, de Gallardón, de Sánchez-Camacho o de Margallo, entre muchos otros. Un ministro de Exteriores, Margallo, por cierto, que ya ha dejado claro, igual que ahora Aznar, hasta qué punto le perturba algo tan constructivo como la internacionalización de la causa catalana. Por cierto, como a Rubalcaba. Porque él en el PSOE, como el proyecto español, se siente débil. Y ahí tienen especial peligro. Han olvidado cómo construir. Pero siempre les quedará el destruir.
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