Olor a nuevo

  • Olor a nuevo

    Lo vi claro. De nuevo. Ayer, camino del set de Catalunya Ràdio desde donde seguí la manifestación por el Estado propio para Catalunya. Desde el Poblenou hasta la Ciutadella, en moto, la marcha de mucha gente ya había empezado. Se palpaban las ganas de movimiento. De avanzar. Familias enteras, grupos de amigos, parejas jóvenes y mayores desfilaban y lo hacían muy mayoritariamente con banderas estelades . Nuevas. También la mayoría. Sintomático. 

    Catalunya aún no, pero el independentismo, el soberanismo, se ha emancipado. De los políticos, de los clichés, de la caricatura. La transversalidad de las caras, las edades y la condición social de los muchísimos que ayer salieron a manifestarse lo ha retratado igual como lo llevan retratando las encuestas, una tras otra, y los ciclos electorales, sobre todo los últimos. Nada de caspa. Nada de friqui. Nada de histérico. Y si lo hay, en la misma proporción que tras cualquier otra bandera. Ayer en las calles de Barcelona olía a nuevo. A bandera nueva. A entusiasmo renovado. A nuevas incorporaciones. A ganas de respirar aire libre. Porque lo de ayer fue de eso, de libertad. La que reclaman cada día capas más amplias y transversales de una sociedad catalana que aspira legítimamente a poder decidir. En libertad. Simplemente eso. Sencillamente eso. Tan complicadamente eso. 

    No será fácil. Nadie dijo que lo fuera. Pero las excusas para oponerse al derecho a decidir en libertad del pueblo catalán se antojan cada día más difíciles. Más antiguas. Más caducas. Más inconsistentes. Como cuando Rajoy habla de «lío». Dicen que no es el momento. Para algunos nunca lo será. Dicen que una Catalunya con Estado propio no será el paraíso y que tendremos muchos problemas. Y tienen razón. ¿Quizá los de un país normal y libre? Ayer se movilizó más gente que nunca en Catalunya, reclamando eso. No el paraíso. La libertad.

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