Zona catastrófica

  • Zona catastrófica

    Veía ayer al presidente Artur Mas de visita en algunas de las fincas afectadas por la granizada del jueves pasado en el Pla d’Urgell. Su mensaje era claro: el Govern “apoyará” a los municipios que soliciten la declaración de zona catastrófica, pero no puede intervenir. Lo tiene que pedir el alcalde en cuestión y se tendrá que resolver en Madrid. Dice Mas que “influiremos y batallaremos para que las cosas se hagan deprisa”. Como siempre. Como por todo. Ale a batallar y a mendigar dinero que en el caso de Cataluña siempre cuesta más de llegar desde un Madrid que administra un presupuesto nutrido en gran parte por los impuestos de los catalanes y su solidaridad solo apta para almas cándidas profesionales. Catastrófico.

    Y todo en la misma jornada en que el siniestro a la vez que siempre torpe ministro español de Hacienda, Cristóbal Montoro, salía a desestabilizar con sus anuncios de “sí pero no”, con aquel tono amenazante, coñón e insultante que le son tan propios. Cómo dando lecciones. Como regañando. Él, recordémoslo, que era ministro en los gobiernos de un José María Aznar que ahora sabemos que mientras iba chillando por las esquinas aquello tan majo de “España va bien” contribuía a agrandar el agujero negro donde nos encontramos ahora. Catastrófico y lo siguiente.

    El maestro Carles Soldevila, en su Fulls de dietari (1932), recogía una pieza, “Entre poc i massa”, a propósito de la insolencia de quienes reaccionaban airados al escuchar como alguien les hablaba catalán y ellos respondían con un “¿cómo?” lleno de insolencia y petulancia. Esto, en tiempos de Estatut (nosotros siempre de eterno retorno), llevaba Soldevila a una reflexión que ochenta años después sigue vigente de pies a cabeza:

    “… Esto nos pasa porque nos merecemos que nos pase (…) el advenimiento del Estatut no serviría de nada si no va acompañado de un enderezar íntimo de la dignidad catalana (…) nada de dejarse tratar como esclavos o como colonizados”. Y el caso es que lo hemos hecho, lo hacemos y ojalá que lo dejáramos de hacer ya mismo, antes Cataluña no se haya convertido en el solar que muchos han trabajado históricamente por tener del todo arrasado. Porque el rescate de Bruselas para la economía seguramente llegará, España lo gestionará y como siempre nos tendrá con respiración asistida en las dosis que le convenga en cada momento. Pero el rescate de la dignidad que nos tendría que liberar de esta catástrofe crónica, o nos la hacemos llegar nosotros mismos o no llegará. Nunca.

    (Para leer el artículo en el Nació Digital, cliqueu aquí)