Silbar o no silbar

  • Silbar o no silbar

    Si no fuera porque la situación está lo suficientemente complicada como para encima ir reprimiéndose pequeños desahogos puntuales, yo este viernes en el Vicente Calderón no pitaría el himno español. Ni que fuera por no darle a Esperanza Aguirre el placer de pensarse que ha conseguido hacer de escudo humano de este símbolo y de la monarquía y que es ella quien en realidad recibe toda la artillería en forma de silbidos y gritos. Martirologio político gratis, no, gracias.

    Si no fuera porque habría quien aún pretendería vender que la lideresa me habría hecho entrar en razón o me habría asustado y que yo la habría obedecido como hacen los niños buenos, yo este viernes en el Calderón no pitaría el himno español. Ni que fuese para dejarla en el ridículo más espantoso y mostrarla ante todo el mundo como una sobreactuada de la vida que amenaza con métodos del siglo pasado puestos en práctica por dictadores como Miguel Primo de Rivera.

    Si no fuera porque tengo presente que este tipo de partidos tienen mucho de política, yo este viernes en el Calderón no pitaría el himno español. Ni que sea por centrar la atención en aquello que verdaderamente merece la pena, que es el fútbol, el último partido de Pep Guardiola como entrenador azulgrana y un más que previsible baño de buen juego del Barça al Athletic.

    Si no fuera porque sé que a pesar de que no lo queramos desde España nos condicionan tanto como quieren la agenda (además de la cartera y el autogobierno), yo este viernes en el Calderón no silbaría el himno español. Ni que fuera por poder dejar de escribir artículos como éste y no tener que hablar de Espe en los medios, cuando realmente los protagonistas del momento son otros y la actualidad reclama de frentes de atención mucho más importantes.

    Si no fuera porque el viernes no tengo entrada para ver la final in situ, me plantearía todo esto, y muy seguramente acabaría haciendo lo que me diera la gana, que muy probablemente coincidiría con lo que harán la mayor parte de las dos aficiones. Ni que fuera por dejar encima de la mesa que por supuesto los Aguirres son mucho más incómodos y nocivos para Cataluña que nuestros hipotéticos e inofensivos silbidos para ellos.

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