Enderezar ilusiona

  • Enderezar ilusiona

    ¿Se fijaron en el cambio presidencial del martes? Fue sutil, pero el matiz, nunca casual, estuvo ahí. Por la mañana, reunión del Consejo Ejecutivo en palacio. Por la tarde, el primer discurso de Artur Mas como presidente para abrir el debate de política general. Por la mañana, en el Saló Daurat con sus consellers, corbata con cálidos tonos rojizos. Por la tarde, en su discurso ante sus señorías en el Parlament, corbata en blanco y negro, fría, gélida, como la crudeza de los números que Mas tuvo que poner encima de la mesa para justificar su poco agradecida acción de gobierno.

    El cálculo político a corto habría aconsejado no hacer una intervención al estilo listín telefónico de los tiempos de Jordi Pujol. Pero Mas lo hizo, en un balance donde básicamente solo cabían sangre, sudor, lágrimas… Y recortes. No quiere ahorrarnos ni un gramo de la crudeza del momento, y se dedicó a ello. No aplica algodón, ni en el fondo ni en la forma. Y su ademán, de hecho, estos días en el Parlamento, con aquella oscuridad en el vestir y en la fisionomía, nos ha proyectado, sobre todo, el peso de la púrpura del poder cuando esta lleva anexa la gestión de tiempos convulsos.

    Pero, ¿por qué asumir tan estoicamente la gravedad del momento si no se divisara en el horizonte una brizna de esperanza? Los hombres del presidente lo tienen claro: “Mas no quedará como el presidente de los recortes”. El cálculo a largo es evidente. Hay que asumir la gravedad del momento para ponerse cuanto antes mejor con una terapia dura que el paciente (véase ciudadanía) costará que acepte. Pero la idea es, y ha sido desde el comienzo del gobierno Mas, que cuanto antes se asuma colectivamente el grave momento económico y cuanto antes se admita que hacen falta sacrificios, más bien se emprenderá camino de la remontada. ¿Qué esto llevará tiempo y exigirá nervios de acero? Sí, y también confiar que todo ello empiece a enderezarse antes de las elecciones catalanas previstas para el 2014.

    ¿Hemos dicho 2014? “Aún habrán triunfado las tesis de Carod, póstumamente”, ironiza un alto cargo convergente. Y es que es posible que recuerden la propuesta Carod de referéndum para la autodeterminación pasados trescientos años clavados del 1714. Esta semana CiU y Esquerra se han puesto de acuerdo en el Parlament sobre el pacto fiscal al estilo del concierto vasco. La entente prevé una consulta a la ciudadanía. ¿Para el 2014, quizás? Tendría cierta épica. De hecho, la fecha en si, 2014, genera ilusión en las filas convergentes. Por aquello de la épica de la remontada. Mas, en campaña, apeló a “levantar el país”, y todo apunta que esto llevará más tiempo del previsto. Pero, ¿y si los astros se acaban disponiendo bien?

    En previsión de ello, o quizás por aquellas casualidades de la vida que en política nunca lo son del todo, ciertos altos cargos nacionalistas promueven la idea de una gran superproducción catalana sobre el 1714. Algunos de estos dirigentes eran miembros de la JNC cuando a final de los noventa la rama juvenil de Convergència llegó a proponer a Steven Spielberg que se pusiera a ello. Le quisieron hacer llegar un guión vía carta. Ahora han crecido, son más realistas y tiran de producto nacional. Animan el joven emprendedor Franc Aleu para que se ponga a la faena, y él lo vería con buenos ojos, apuntan. Su empresa, Urano, ha sido la responsable del cambio de logo y de imagen corporativa de CiU (la de la sonrisa y el “començar il·lusiona”), y de montajes como el mapping que hace pocos días, con motivo de la fiesta de la Mercè, llenó de luces, de música y de colores la fachada del Ayuntamiento de Barcelona. Hoy, blanco y negro, y recortes. Mañana, ¿color y la épica de la remontada? Enderezar ilusiona.

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