Los Oriols

  • Los Oriols

    Hubo un tiempo en que en Esquerra triunfaban “los Joans”. Era cuando el tándem de Joan Puigcercós (presidente) y Joan Ridao (secretario general) no se había estampado todavía definitivamente en las urnas. Eran tiempos de furor antiCiU en Esquerra. De hecho, a pesar de que los dos “Joans” ya han pasado casi políticamente del todo, este sentimiento todavía habita en bastante gente del lugar y de medios de comunicación afines. Es como una especie de patología que, de hecho como todas las enfermedades y las manías persecutorias, necesita de cierto tratamiento para superarla. Pero la terapia hace falta que alguien la aplique, y mejor más temprano que tarde por el bien del paciente y de su deseada recuperación, en particular, y por el bien de cierto proyecto de país, en general.

    Si algún día tiene que llegar la independencia de Cataluña, no lo hará sólo de la mano de los partidos soberanistas, nacionalistas o díganle cómo quieran. Tendrá que ser cosa de una mayoría que rompa con las fronteras y las paredes mentales y físicas que levantan los partidos. Esto es indiscutible. Pero, igualmente, uno de los tramos del camino previo, indefectiblemente, pasa por la recomposición de sinergias entre las fuerzas catalanistas con más independentistas por metro cuadrado. Es decir, entre CiU y ERC.

    ¿Pasará? El escepticismo al respeto se entiende perfectamente. Pero un optimista antropológico (no de la escuela ZP, sino de la otra, de la no naïf del todo) les defenderá ahora y mañana que la situación de presente para lograrlo es mucho más buena que la del pasado más inmediato. CiU está por ello. Mejor dicho, en Convergència se está muy por ello, y en ciertos sectores emergentes de Unió, también. Es un dato importante. Y se está yendo sinceramente en la dirección, por lo que tengo entendido. Ahora faltará ver si al otro lado Oriol Junqueras corresponde a la mano extendida que ha reiterado estos últimos días Oriol Pujol. Y cuando digo corresponde, no hablo de hacerlo con un “sí, quiero” sin más. Hablo de corresponder al cambio de chip. En parte esto ha sido el secreto del éxito de Junqueras. Se ha hecho en dos días y sin ruido con el liderazgo de ERC. ¿Y por qué? Porque ya sólo un ciego no podía ver que si ERC seguía con la aversión con CiU le quedaban largos años de desfile desfiladero abajo. Y Junqueras y su equipo, en teoría, representaban una medicina contra este error crónico de la ERC de los últimos tiempos.

    ¿Lo eran? ¿Lo son? ¿Se habrá quedado todo tan solo en un eslogan? Creo que no. Sería imperdonable. Pero alarma ver cierto estilo “de siempre” en las primeras reacciones de Junqueras a las ofertas de entente por parte de Pujol. Dice que quiere una hoja de ruta y un pautar pasos calendarizados para ponerse a ello. Es decir, ya empiezan a exigir a CiU (solo para hablar) aquello que nunca pidieron al PSC (para gobernar). Extraño. ¿Un hacerse valer? Quizás. ¿Un mal momento inevitable en toda fase de recuperación? Ya veremos.

    En todo caso, y a la expectativa de lo que se pueda mover en Solidaritat y en el mundo Laporta, una cierta percepción de reanudación de la sintonía entre soberanistas pinta que motivaría el personal. ¿Y esto quiere decir cambiar el tándem de los “Joans” por el de los “Oriols” (Pujol-Junqueras)? No. Nadie pide que se besen, besen. Sería grotesco, y más ahora, y más viniendo de donde vienen. Pero un no poner excusas de mal pagador desde el minuto uno, eso sí. Sería como balsámico. Movería bastante más a tener fe en la recuperación del enfermo.

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