Como Pep aguantó

  • Como Pep aguantó

    Se han fijado en una especie de asesor político con gafas blancas que sale en el Polònia de Tv3? Es caricatura de una serie de clichés sobre estos profesionales, con un guiño a uno de muy concreto: Joan Maria Piqué, jefe de prensa del presidente, Artur Mas. Él, hasta hace no mucho gastaba este modelo de gafas poco discretas. Pero cuando su jefe pasó a ser presidente, dejó las gafas de montura blanca y las cambió por unas de pasta pero transparentes. “Ahora toca discreción”, dijo, a pesar de que él no pasa precisamente discretamente en muchos de los planos que Mas protagoniza en los medios. Lo han visto, seguro, en muchos telediarios o en muchas fotografías de diario, justo detrás del presidente. Cómo si le guardara las espaldas ante la prensa. Si no lo han hecho hasta ahora, fíjense. Es curioso. La mayoría de jefes de prensa de los líderes políticos no son tan visibles. Y el caso es que él, el pasado miércoles, tampoco.

    Para quienes nos fijamos en estas cosas –por afición y porque nos va en ello el sueldo– fue curioso ver al presidente Mas haciendo sus primeras declaraciones después del aterrizaje en helicóptero en el Parlamento… sin Piqué detrás. No estaba. Mas llegaba a la primera planta del Parlamento con su presidenta –y su jefe de prensa, Pep Escudé–, y respondió la pregunta de un pícaro periodista de Tv3. El presidente estaba indignado con los indignados. Su ademán era de enojo evidente, y todavía estaba cogiendo un poco de aire después de subir escaleras. En palacio, en la Plaça de Sant Jaume, hubo quienes se llevaron las manos a la cabeza.

    “No era ni el lugar ni el momento para que el presidente hiciera unas declaraciones”, vio claro uno de los spin doctors del presidente. Si Piqué hubiera estado allí, quizás estas breves palabras no se habrían dado, porque él habría gestionado con el periodista el momento “idóneo” de hacerlo. Pero los indignantes de los indignados habían puesto asedio al Parlamento, y el presidente, la presidenta, los consejeros y unos pocos líderes más tenían que ir accediendo en helicóptero al lugar. Sus equipos tenían que esperar turno o buscar otras vías de acceso. Y el caso es que sin estos profesionales los líderes son más espontáneos pero lucen menos. Sí, menos si cabe.

    Pero la maquinaria comunicativa del gobierno de Mas hace un cierto tiempo que empezó a coger el ritmo que todo el mundo le reclamaba. Y “arreglaron” aquella primera imagen del presidente crispado. El consejero de Interior, Felip Puig, tenía prevista una rueda de prensa informativa para media mañana, pero los hombres de Mas decidieron que a quien le tocaba hacer rueda de prensa era al presidente. Con atril, ya habiendo podido reflexionar sobre qué decir y controlando el espacio, con los chicos de la prensa a sus escritorios y preguntando ordenadamente. “Era un momento para proyectar un mensaje de país, no policial. Y el presidente lo hizo muy bien”, se felicitaba horas después uno de los responsables de Comunicación de palacio.

    Pep Guardiola, hombre indiscutiblemente de moda, también ha impactado a algunos de los miembros de Comunicación del gobierno. Encuentran que han seguido un proceso parecido al del entrenador azulgrana: “Empezó con un empate y una derrota, y todo el mundo lo criticó. Pero supo aguantar la presión, persistió, y después todo el mundo se lo ha reconocido. Nosotros aguantamos mucha presión los primeros meses, y ahora recogemos frutos”. Como los diputados asediados por los intolerantes a las puertas del Parlament. Nadie cayó en la tentación de contestar. Aguantaron la presión y todos ellos, en pack, salieron ganando en imagen. Porque en política esto de la imagen es muy importante. Casi tanto como saber aguantar la presión.

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