La espiral silenciada

  • La espiral silenciada

    Ahora los hay que han descubierto o que han sabido encontrar la utilidad retórica del concepto “espiral del silencio” que plasmó en libro la ya desaparecida socióloga Elisabeth Noelle-Neumann en 1977, y lo utilizan para argumentar como científicamente que en Catalunya “hay miedo” de decir que no se es independentista. Buen-mal intento. 

    La teoría, en mucha-mucha síntesis, estudia la opinión pública como una forma de control social donde los individuos adaptan su comportamiento a las actitudes predominantes sobre aquello que es aceptable y aquello que no. Parte de la hipótesis que la mayor parte de las personas tienen miedo al aislamiento y que antes de manifestar sus opiniones primero miran de identificar ideas para después añadirse a la opinión percibida como mayoritaria. ¿Verdad que ven por donde van…?

    Pero si algo no ha sido nunca el independentismo es moda. Durante décadas porque una mayoría sobre todo política y mediática hizo eficaz mofa y caricatura. Y ahora que cuaja socialmente, políticamente y mediáticamente (una cosa consecuencia de la otra, retroalimentándose), no es moda, es mucho más que eso y apunta maneras de haber venido para quedarse.

    El independentismo, que ayer regaló un nuevo momento desbordante de ilusión al país con una nueva Diada histórica, se ha extendido, pero no como una fiebre, no por una consigna, no como un invento de los medios o de un grupúsculo conspirador. Es fruto de una gran suma. De muchos años de manos a las manos (como ayer), y de hecho el gran tirón lo empezó a hacer el día que captó que no iba contra nadie, tampoco contra quienes más lo estigmatizaban desde tribunas privilegiadas que, estos sí, impartían credenciales de demócrata y de sensatez. Ahora, sin dar lecciones a nadie, el movimiento independentista, transversalísimo en todos los vectores, fundamenta su fuerza en una convicción y en una reivindicación firme de valores radicalmente democráticos como la voluntad de votar. Hace eso, además, con la cordura y la prudencia que aconsejan ser muy escrupulosos con un proceso de emancipación que se sabe que tendrá que ser ejemplar.

    El único que de un tiempo acá se ha silenciado en Catalunya ha sido aquella absurda espiral de autoodio, de cinismo entre partidos y de pesimismo que durante décadas acompañó el catalanismo en sus múltiples formas. De aquello, una mala moda que no es necesario que vuelva, se ha pasado página. Y hemos empezado a hacer vía.

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