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- 14 mar
La papelera y la proporción
Puigdemont y Junqueras juntos, y con Romeva completando la estampa. Reivindicación democrática, excepcionalidad del momento y transversalidad política. Esto fue la fotografía que ayer vimos en el Palau de la Generalitat. ¿Una flor no hace verano? En todo caso, cosas que provoca la acción de la apisonadora del Estado español con barbaridades como la sentencia que condena a un ex presidente de la Generalitat por haber puesto urnas de cartón en una ejemplar jornada de reivindicación democrática. ¿Se imaginan que habría provocado la acción demofòbica de la maquinaria del Estado si la Cup no hubiera querido hacer lo que enviar Artur Mas a “la papelera de la historia”? Hoy tendríamos un presidente en ejercicio condenado e inhabilitado. Los efectos políticos y sociales de todo ello no habrían tenido seguramente nada que ver con lo que estamos viviendo ahora, que a pesar de todo se trata de asumirlo con una sonrisa en los labios por parte de los protagonistas independentistas del proceso. Momentos históricos que retratan grandezas y miserias de los implicados en el proceso, de un lado y de otro.
Dicen en Madrid, quienes se mueven en los círculos del poder, que los de Rajoy tienen previsto aplicar una “proporcionalidad quirúrgica” con los tiempos que se vislumbran en Cataluña. Que intervendrán “con bisturí” para no “excitar los ánimos” y no impulsar el independentismo. De confirmarse esto, en todo caso, la sentencia que inhabilita por primera vez un presidente de la Generalitat en democracia nos demuestra su concepto de proporcionalidad. Esta disfunción entre hechos y palabras, esta desproporción manifiesta que caracteriza la acción del Estado y sus representantes para con una iniciativa y una demanda mayoritaria del pueblo de Cataluña, la de poder votar y decidir sobre su futuro, describe la miseria que aleja esta misma parte (y seguramente algunos más) del Estado que dice quererlos defender (se ve que de ellos mismos).
La miseria de la parte catalana es la de la división que persiste a pesar de todo. De vez en cuando, como ayer en Palau, hay fotos que aunque incompletas quieren proyectar lo contrario. Pero las dudas sobre el compromiso de unos y otros, miembros de Junts pel Sí y de la Cup, persisten porque también a menudo con sus hechos desmienten las bonitas palabras. No nos sacuden de encima la sensación de ejército de Pancho Villa ante un ejército compacto y armado hasta los dientes. Lo de persistir en querer ganar victorias pírricas y por separado, diferenciarse (no sea) y clavar si se puede un puñal al adversario histórico, a pesar del momento excepcional que nos quieren convencer que vivimos, sigue marcando buena parte de la actividad política de los partidos soberanistas. Y todo a pesar de la ofensiva implacable del Estado. Quien primero ponga cordura, de un bando o del otro, tendrá buena parte de la partida ganada.
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