De lo cañí a lo yanqui

  • De lo cañí a lo yanqui

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    Cuando Convergència decidió desaparecer y dar pie a un nuevo partido, las bases decidieron que este se llamaría Partit Demòcrata Català. Sonaba claramente al partido de Barack Obama y Hillary Clinton, pero sobre todo a Demòcrates, un partido nacido no hace ni un año, de una escisión de Unió. Este partido independentista tiene un logo calcado al de los demócratas norteamericanos, compuesto por una ‘d’ mayúscula dentro de un círculo, los dos azules sobre fondo blanco. Los Demòcrates replicaron ese modelo, pero tuneando el círculo con una ‘estelada’. Lo que no sabe mucha gente es que el PP estrenó en el 2015, antes de las elecciones del 20-D, un logo también inspirado en el amigo demócrata yanqui, aquí con las siglas PP y una silueta de albatros dentro de un círculo. Dicen que la cosa corrió a cargo de uno de los más próximos asesores de Mariano Rajoy para lo digital y marquetiniano, Sergio Ramos. Es un run-run pero lo que es seguro es que ninguna agencia de publicidad quiere asumir a las claras la paternidad del producto.

    Mucho antes, en los orígenes del PP, cuando Manuel Fraga montó un partido de derechas para la Transición española, la cosa iba más de coaliciones, de suma de pequeños, disgregados y desorientados grupos franquistas que poco habían pensado en la política en clave de competición democrática. Iba de alianzas (más que de partidos), concretamente de una Alianza Popular (AP) que tenía a los Estados Unidos de referente muy lejano, por no decir inexistente. Aquello iba de “Santiago y cierra España”, y de ahí el inédito protagonismo del color rojo en el logo de un partido de derechas en nuestro entorno. Lo clásico es el azul, con su variada gama de tonos, pero aquel rojo sobre fondo amarillo solo se explicaba como nítida referencia a la bandera española, la rojigualda.

    Primero, la ‘a’ más grande que la ‘p’. Lo importante era buscar alianzas estratégicas que les ayudaran a consolidarse y crecer. Pero la cosa no arrancaba, se sucedían las debacles electorales, y en 1989 decidieron refundarse. Nació ahí el Partido Popular (con letras aun en rojo) y su famosa gaviota (en azul oscuro). Fraga dijo entonces que lo había diseñado un joven de Nuevas Generaciones, sus juventudes. Con todo, el nombre que se ha anexado tradicionalmente a ese logo es el de Fernando Martínez Vidal, quien por cierto niega que el animal de referencia sea una gaviota, sino un charrán (bastante parecido).

    Llegaron los 90, el pájaro pasó de volar a la izquierda a hacerlo a la derecha, y el nombre del partido se fue compactando en PP. Se consolidaba la marca y su posicionamiento. También tomó protagonismo el azul, sobre todo durante los años de gobierno de Aznar. Y en el 2007, de nuevo en la oposición, durante unos meses (y muy especialmente aplicado a las elecciones municipales y autonómicas de aquel año), se apostó por el naranja (sinónimo clásico de centro político, en Europa). No cuajó, por suerte para un Ciudadanos que había nacido en Catalunya en el 2006 y que estaba lejos de pensar que se consolidaría y que alcanzaría la proyección que hoy tiene.

    En el 2008 se volvió al azul. Mariano Rajoy hizo campaña con sus siglas y el pájaro dentro de dos burbujas. Se buscaba idea de cambio, de frescura. Los resultados electorales no acompañaron y aquello duró poco. En el 2009, evolución hacia una suerte de icono de aplicación de móvil, y ya en el Gobierno de nuevo a partir del 2011, línea Apple y minimalismo total. Eso hasta que dicen que Sergio Ramos lo escacharró, también vía inspiración yanqui.

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