Vida después de Madí

  • Vida después de Madí

    “Ya tenemos una nuclear”. Se refería a Cataluña. ¿Quizás también a Convergència? Lo decía con aquella ironía, con aquel estilo tan suyo y provocador. Y sí, lo decía él, David Madí, el antiguo estratega convergente, en conversación con uno de los hombres del presidente Artur Mas, que le había llamado esta semana para felicitarlo por su nombramiento como presidente del consejo asesor de Endesa en Cataluña. Apunte: la central nuclear de Ascó es de esta compañía.

    Madí se fue, y de unos meses para acá “vive muy bien, hace lo que le gusta, se ahorra las muchas cosas desagradecidas que tiene la política, y cada vez está más claro que no volverá”, asegura un político en activo que lo conoce bien. ¿Retirada para largo? Pinta así. Y ahora, en palacio, entre los cocineros de la estrategia y la comunicación de la nave convergente va cuajando una cierta sensación de haber matado al padre.

    La sombra de Madí fue muy alargada durante los primeros meses, incluso durante las primeras semanas después de acceder al poder. Pesaba como una losa para algunos de los encargados de pilotar la estrategia comunicativa del gobierno. Prensa, oposición y compañeros de partido ya se encargaban que fuera así. Se apuntaban descoordinaciones diversas, carencia de planificación, poco control sobre las comparecencias de los diferentes consejeros, y no faltaron frases al estilo “esto, con David, no habría pasado”. Pero él, “retirado”, no ha estado ahí, y ahora, acabado el curso político por paréntesis estival, el balance que hacen propios y extraños de la situación del gobierno es muy diferente a la de desorden que se intuyó en un principio, ya con presupuestos aprobados en el Parlament y las leyes òmnibus con luz verde para ser trabajadas en la cámara. Y ello, en pocos meses.

    La sensación de haber cerrado curso con los deberes hechos se extiende en palacio, a nivel político y en su cocina. ¿Algunas claves? “Se aguantó la presión fuerte de los primeros meses, ha rodado como era necesario la coordinación a nivel de departamentos y cada día que pasa incidimos de forma más eficiente en el diseño del relato gubernamental”, defiende un estratega de Palau.

    La presión. Dura de gestionar en primera línea política, pero también a nivel de cocina. En esto una cierta mili ayuda. Dato: de los jefes de gabinete de los doce consellers del gobierno, sólo tres no han acabado curso. Los tres de una conselleria con titular independiente: Justicia, Cultura y Salud. Es la batalla política, que también causa bajas en las trincheras.

    El grupo de asesores se ha ido compactando a nivel de estrategia y a nivel de comunicación. “Ya hay complicidad de equipo”, celebran en Sant Jaume. Un paso básico en toda administración política de las dimensiones del gobierno de la Generalitat. Y así es como cada martes, cuando en el Saló Daurat de Palau se reúne el presidente y su gobierno en consejo ejecutivo, a solo unos pasos, en una cámara del Saló Sant Jordi, les imitan los jefes de comunicación de las diferentes conselleries, presididos por el secretario de comunicación, Josep Martí, y por el director de comunicación, Jordi Cuminal. Con ellos, perfiles como el responsable de comunicación del departamento de Empresa (sin experiencia previa en política), su homóloga de Economía (hasta hace no mucho delegada de Cuatro en Catalunya) y la responsable del ramo en Interior (con Felip Puig desde que éste era conseller de Jordi Pujol). Muchos mundos en uno, trabajando para mirar de controlar la agenda mediática y las “columnas de humo”, que es como denominan a los asuntos que identifican que pueden ser focos de atención mediática en clave negativa. E la nave va, como diría Fellini. Y se confirma: hay vida después de Madí.

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