¿Ahora todos al atril?

  • ¿Ahora todos al atril?

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    Me fijé en ello la semana pasada cuando Mariano Rajoy compareció por sorpresa desde la sede del PP para hablar de la conferencia del presidente Carles Puigdemont en Madrid. Y me fijé ayer cuando Soraya Sáenz de Santamaría ha comparecido este lunes desde la sede del gobierno español para hablar de la cumbre convocada por el presidente en Palau. El uno abandonó la confortabilidad del plasma y la otra ha dejado de lado la amplia mesa de la sala de prensa de Moncloa, y en ambos casos han optado por proferir su discurso desde un atril. A hacer un mitin, vaya. Es decir, a mostrar con palabras y gestos que no están para mesas de negociación, que no se sentarán, pero que en cambio sí subirán tanto como sea necesario en los atriles de la confrontación, de las consignas vacías y de la retórica de ataque.

    Han decidido camuflar así que no proponen nada real ni tangible que sea sinónimo de solución, y que constantemente a remolque de lo que impulsa el gobierno y el parlamento catalán, haciendo ruedas de prensa que son básicamente mítines preventivos de una campaña negativa y abocada a la destrucción, no la construcción de nada. Y así desde esta posición y asumiendo coherentemente este rol, se pueden decir estratosféricas barbaridades (o absurdos, según se mire), como la pronunciada por la vicepresidenta española este lunes: “Puigdemont Quiere acero un referéndum en lugar de escuchar a los catalanes “. Y podría haber remachado: “Y con esto y un bizcocho, hasta mañana a las ocho”. Más que lamentable, denigrante.

    Nada grave por sí solo, acostumbrados como nos tienen a esta manera de hacer que a tantos les ha convertido al independentismo. Pero drama si, en paralelo, aquí en Cataluña, teóricos defensores del derecho a decidir de los catalanes, a la hora de la verdad, se ponen estupendus con lo de ir o no ir a reuniones para trabajar, en función de quien las convoque. Y drama doble si los teóricos socios impulsores de la cual deciden bajarse del carro de la organización para subirse al de la agitación social para tratar de marcar paquete y, en definitiva, para entrar en la retórica táctica y electoral destructiva los del PP y compañía.

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