Pascal, el 3% (y más)

  • Pascal, el 3% (y más)

    Marta Pascal Canvi

    Este fin de semana, después de un silencio querido y evidente, la coordinadora general del Partido Demócrata, Marta Pascal, en pleno aguacero por el caso Millet y el 3%, ha querido marcar distancias con la etapa que la precedió. Dice que el PDECAT “no tiene un problema con el 3%” (otra cosa es Convergència) y que “si hay alguien que quiere flirtear con la corrupción, no tiene cabida” en su partido. No podrá decir que cuando asumió el reto de impulsar un partido nuevo y heredero de CDC no estaba avisada de las dificultades que ello implicaría. Pero tampoco se le podrá negar que haber puesto la cara para liderarlo, ahora, dice cosas interesantes. No le asegura el éxito, ni de lejos, pero la reivindica, como mínimo, por estarlo intentando.

    Cogió el tren cuando pasaba, y aquí hay que decir que tuvo la suerte de los que saben estar en el lugar adecuado en el momento preciso (no por casualidad, claro). Los hay que nunca jamás ven el tren del liderazgo ni de lejos. Pero también hay que añadir que, ya hace tiempo que el poder en el espacio político que había representado Convergència se da más un aire al trono de Juego de Tronos, donde todo el mundo que su acaba chamuscado, que al típico de las películas de príncipes y princesas de Disney, siempre con happy end. El trono, en CDC de un tiempo a esta y al PDeCAT desde que nació, se da más un aire a barra de pollo asado que púlpito confortable. Por tanto, que Pascal se pusiera allí dice mucho. No sé si de su grado de temeridad o de cabezonería o de convicción, o de todo, pero de lo que estoy seguro es que supera de largo la caricatura fácil que hacen propios y extraños, muy centrada en su juventud, inexperiencia y, por qué no decirlo, con una suficiencia machista de fondo que aquí todavía persiste.

    Sale Esquerra el sábado y Junqueras hace una demostración de fuerza. Reivindica su liderazgo y su espacio. Reivindica la limpieza de sus siglas y su impulso. Y hace bien. Una Esquerra fuerte es imprescindible para los que quieren alcanzar la independencia. Como también lo es el PDeCAT, igual de imprescindible, para ello y para la construcción de un país homologable, con un espectro político que abarque la centralidad (y más allá) de su muy diversa sociedad. De ahí que los independentistas (pequeños intereses de parte a parte) deberían ser los primeros de no recelar del impulso de ERC ni de la voluntad de consolidación y de crecimiento del Partido Demócrata. Porque tachar los unos de oportunistas o los otros de acabados es un recurso del unionismo más rampante, que ya sabe lo que hace cuando se pone.

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