El hámster del rey

  • El hámster del rey

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    Dicen que el proceso y los partidos soberanistas se repiten. Que son como un hámster haciendo girar siempre la misma rueda. ¿Y el Borbón y sus discursos? ¿Qué decir de ello? Porque si bien es obvio que él hereda a su padre, que a su vez heredó a Franco “sólo” con la condición de “mantener España unida”, esto de hacer cada año el discurso del PP y no aportar nada también debería ponerse en relieve. Bueno, lo han hecho las audiencias, que marcaron el discurso del sábado de Felipe VI como el menos visto de un monarca español en los últimos 18 años. Y eso que tenía a todas las teles allí haciéndole de plató. Por cierto que este año no sé emitió en TV3, sino en el 3/24, lo que encontré interesante.

    Más allá de las frases de cara a la galería, como aquella que dijo de “el orgullo de vivir en España”, él con la madre en Londres, el padre más en EEUU que aquí, y con se hermana Cristina que se quiere ir “para siempre”, cabe destacar que lo hizo con el mismo vacío de ideas respecto de Cataluña que Juan Carlos I. La diferencia es que al padre todo le cogió ya fuera de órbita, mientras que Felipe VI nos habían dicho siempre que era “de Nuestro Tiempo”, y en este sentido sus viejas ideas dan pavor. El PSOE, por cierto, que se lo haga mirar, saliendo corriendo a hacer la rosca a este discurso mediocre, como el PP y Ciutadans. Suerte tienen, del follón que hay en Podemos.

    Y mientras tanto, allí el marido de Letizia, en un despacho del padre que vimos hace décadas cuando La Transición, tuneado con cuatro detalles, y con el nuevo inquilino allí charlando, bajo la atenta mirada de Carlos III, “campeón del despotismo ilustrado”, como bien apuntó el profesor Joan Queralt.

    Y allí estaba él, con su discurso, algunos dirán que advirtiendo, yo viéndolo claramente amenazante. Hablando de radicalismo anexo a la idea de independencia, no a la del inmovilismo y de la regresión democrática. Diciendo que la intolerancia y la exclusión no caben en España, él no quiso ni recibir la presidenta del Parlament catalán. Esto y más es aquel discurso de siempre, que ya no interesa ni a una audiencia cautiva. Aquel hámster al que nadie señala. Aquella operación diálogo que básicamente es palabrería.

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