Como si no hubiera mañana

  • Como si no hubiera mañana

    carpediem

    El error de despreciar. Ahora el PP admite que cayó en eso con Ciutadans y le ofrece «jugar» juntos en el centro político. Jugar es la palabra, pero no en el centro sino con fuego. El PP es aficionado a ello, también en Catalunya, donde ahora dice, vía cartel de composición preescolar que trata a la gente como a criaturas, que quienes amenazan con quemarlo todo son los independentistas. Y lo dicen ellos, que no conocen otra que la política de tierra quemada, también cuando están en el poder. Ellos, los de gobernar como si no hubiera mañana. Carpe diem, llevan escrito en la frente. Viven instalados en su mayoría absoluta como si no hubiera mañana y se entregan a la política del todo o nada, despreciando cualquier opción de pacto o de alternativa a ellos y a su visión del mundo. Creen que les va suficientemente bien como han hecho siempre, y así llevan años despreciando lo que pasa aquí, y alimentándolo.

    Desprecio y amenaza

    Tampoco los socialistas se quedan cortos de responsabilidad en alimentar lo que dicen combatir y lo que profetizan que se acaba y decae ya mucho antes de que ellos empezaran a hundirse dramáticamente y con la sombra de la irrelevancia en el horizonte. Dice Miquel Iceta que Artur Mas Oriol Junqueras nos llevan al precipicio, y su voz hace como el eco de quien chilla agujero bien abajo. Hace eso y coincide en la técnica del desprecio y la amenaza, como el PP pero diferente. Con diferente forma pero con igual fondo: ninguna propuesta plausible, ninguna alternativa real, ningún gesto concreto, nada a arriesgar para tratar de encontrar una solución no judicial sino política en una demanda social que ellos reducen, llenos de desprecio, a la irresponsabilidad de unos líderes políticos sin norte. La irresponsabilidad, ya lo ven, pinta que va muy repartida, en todo caso.

    El soberanismo político, con poca convicción y con mucha dispersión, más mal que bien y con un entusiasmo totalmente descriptible a la hora de concretar con sus socios ocasionales, va tirando. Negocia, transacciona, pacta, propone escenarios. Ahora, una nueva hoja de ruta que han firmado Mas y Junqueras, y que la CUP se ve que abrazará junto con otros que se hacen valer y quieren salir en la foto no como comparsas sino como actores principales. Las pequeñeces de siempre no nos las ahorrarán, está claro. Pero como mínimo los hay que no desprecian del todo al adversario ni el momento político que vivimos. Mariano Rajoy y los suyos, en cambio, plantean como alternativa a su «si no quieres caldo, dos tazas», el precipicio. Como si no hubiera alternativa o mañana y por siempre jamás tuviéramos que vivir en su presente, donde en teoría todo el mundo se siente tan cómodo. Es su caso, ¿verdad?

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