Bomberos-pirómanos (en tierra húmeda)

  • Bomberos-pirómanos (en tierra húmeda)

     

    Deploro la violencia. No puedo decir que nunca haya matado ni una mosca porque en verano me harto de hacerlo, un poco al estilo Andrés Iniesta en su casa de Fuentealbilla. Pero más allá de estos momentos soy de un zen total. Incluso me incomoda la violencia verbal que algunos ejercen ya no insultando, sino llamando sin motivo aparente. Y les digo esto para dejar claro que un puñetazo, ni que haya sido un capón, a Pere Navarro o a quién sea, me genera un sentimiento de rechazo instantáneo y evidentemente lo censuro. Dicho esto, tampoco puedo evitar de pensar que se tiene que estar muy desesperado (en este caso políticamente) para utilizar al servicio de una estrategia partidista capítulos como el de la agresión del primer secretario del PSC a pie de catedral de terrassa.

    ¿Recuerdan aquella inauguración en Santa Coloma de Gramenet, en 1988, donde el coche del president Jordi Pujol fue apedreado por unos vecinos del lugar? Yo era pequeño y la imagen de Pujol bajando del coche y encarándose al grupo me impactó. Primero por el violento zarandeo del vehículo. Después por los gritos del president increpando a aquella gente. Desagradable. Mucho. Pero no recuerdo que de aquello nadie hiciera una derivada de fractura social. Habría sido ridículo, ¿verdad? Fue un capítulo extremo y censurable de protesta ciudadana ante un representante público, pero ni fue el primero ni nadie esperaba que fuera el último. Y evidentemente nadie hizo categoría de aquella anécdota, ni miró de criminalizar a un vecindario, ni una ciudad, ni un sector de la población.

    ¿Y de aquellas ofrendas de los partidos al monumento de Rafael Casanova El Onze de Setembre? ¿Verdad que se recuerdan de aquello? Yo algunos años estuve ahí desde primera hora, cubriéndolo para el diario Avui. Y allá “recibía” todo el mundo menos unos pocos. Sobre todo gritos e insultos. Al PP un año le tiraron huevos (¿o eran tomates?), y el 2004 decidió desmarcarse de esta cita habitual en la agenda oficial del día. Hablamos de principios de los 2000. Y nadie, evidentemente, no quiso hacer de aquello un indicador de división o de inflamación social. Yo veía a dos palmos aquellos que chillaban y tiraban tomates, y creo que de aquel género los hay en toda sociedad y que aquí como en la inmensa mayoría de países civilizados es minoría.

    El hecho que Pere Navarro, un responsable político de primera fila, fuera de celebración familiar sin escolta describe nuestro país, su sociedad. Esto aquí puede pasar por algún motivo. Entre otros, porque los incendios que quieren encender los violentos (que aquí puede haberlos cómo en todas partes) no cuajan. Nuestra sociedad, en este sentido, es como aquel bosque mojado donde el fuego no prende. Y que sea así por muchos años. Y que aquellos que incendian el debate político con un lenguaje de buenos y malos, de tolerantes e intolerantes, cuando esto no va con la inmensa mayoría de este país, no miren después de aprovechar capítulos lamentables pero afortunadamente anecdóticos (y quizás ni siquiera relacionados con la cosa política) para venir a erigirse en bomberos que predican la paz como sinónimo de silencio y de estarse quietos. Y esto no va exactamente por el PSC, pero sí por aquellos a quienes de vez en cuando imita y que lo acomplejan y lo arrastran a una sobreactuación impropia de un partido que alguien un día dijo que era aquél que más se parecía a Catalunya.

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