Salvar al soldado Rajoy

  • Salvar al soldado Rajoy

    Un buen día, Albert Sáez describió la jugada estupendamente: «Salvar al soldado Zapatero». Homenaje a aquella duraSalvar al soldado Ryan, de Steven Spielberg. Y sí, en el caso del proceder rebautizado por Sáez, con un protagonista español que ejecutó a la perfección un papel de protagonista-víctima. No era el primer presidente del Gobierno que lo interpretaba con éxito. Y ahora el equipo de Mariano Rajoy vuelve a intentar la misma estrategia, pero el remake apunta a fracaso. 
    Hace unos pocos años, los partidos catalanes llegaron a la conclusión de que tenían que ceder en sus demandas iniciales si querían sacar adelante el Estatut. De hecho, CiU se avanzó en el último momento a la Esquerra de Joan Puigcercós Josep Lluís Carod-Rovira, cuando Artur Mas Josep Antoni Duran Lleida consiguieron rematar primero y con foto incorporada en la Moncloa. Pero en ERC sabían que poco antes de la foto finish que apuntó la (pírrica) victoria del pacto a Mas, ellos habían llegado a la misma conclusión que CiU e ICV: se debía hacer asumible un texto estatutario que permitiera a José Luis Rodríguez Zapatero salvar la piel que en teoría se estaba dejando en el proceso. La caverna mediática españolista, el PP y los José Bono Alfonso Guerra del PSOE habían ejercido perfectamente el papel de poli malo, de tradicional y eficaz lobi anticatalán. Y Zapatero era el entrañable y voluntarioso poli bueno, Bambi, el amigo de la España plural que en boca suya todavía no se sabía simple eslogan. 
    La táctica sirvió a los intereses del Gobierno español de turno, así como antes había sido útil a Adolfo Suárez Felipe González. «Él lo quiere… Pero no puede… No le dejan… Las presiones son muy fuertes… Se juega mucho… El ala dura de su partido…», y así mil y una veces para tratar de quitar presión al interlocutor español y apelar al mítico senycatalán. 
    Durante el crispadísimo proceso de negociación del Estatut del 2006, Rajoy  y el Partido Popular (entonces en la oposición) también recurrieron a esta técnica. Su equipo ya repetía: «Mariano querría rebajar la tensión, pero Ángel Acebes Eduardo Zaplana…». Y nada. Ahora como presidente, hace días que el mantra se vuelve a repetir desde los altavoces de la Moncloa ante la cuestión catalana: «Mariano lo quiere pero no puede, no le dejarán». Se apunta que él querría buscar puntos de acuerdo con la Generalitat, pero que los duros de su Gobierno y de su partido no le dejan margen para la entente y «Mas no hace gestos, no es razonable». Y lo repiten. Mucho. Casi tanto como la vieja película del pacífico presidente prisionero de los suyos y a quien hay que salvar. Demasiado visto. Como la mayor parte de trucos que durante décadas han hecho que la política catalana decidiera aplazarlo todo ante una hipotética mejor coyuntura.

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