Tiempos (de) duros

  • Tiempos (de) duros

    Pere Navarro, que no es diputado, no podrá dar la réplica al president Mas en el debate de política general que empieza el martes. No en el hemiciclo. Quizá sí en los pasillos o en la sala de prensa, pero no es lo mismo. Por él lo hará in situ Xavier Sabaté, que se estrena como presidente del Grupo Socialista después del relevo del histórico patricio socialista Joaquim Nadal. Sabaté también tiene su punto de histórico en las filas del PSC, pero él sí es de la plena confianza de Navarro. Y duro. De él se espera sobre todo eso. Dureza. Los socialistas la combinarán con el estilo más conciliador de Jaume Collboni. Él será el portavoz en el tramo de las resoluciones del debate. Pero la línea dura es la apuesta en el actual momento del PSC. Y ante Mas se materializará en tres frentes de ataque: atribuir a CiU el fracaso de la legislatura, proyectar un sí a Catalunya (que es un no a la independencia ) y poner en valor la alternativa Navarro.

    En el equipo del primer secretario ya se fijan como reto los comicios catalanes que seguirán a las elecciones anticipadas que están al caer. De estas esperan poco o nada bueno. De hecho, en el PSC empieza a cuajar la constatación de que se están quedando en tierra de nadie en la escena política catalana. Y ya los hay, en el equipo de Navarro , que asumen el reto titánico de convencer al PSOE para que les acepte dar «un paso más allá» en su discurso en clave nacional catalana. ¿Cómo hacerlo?

    La apuesta es la de una sintonía total entre Nicaragua y Ferraz.
    Con Sabaté y Collboni se asegura vía libre para vehicular el discurso que se tercie en el Parlament. Con Dani Fernández y Antonio Balmón a diestra y siniestra de Navarro en Nicaragua se asegura el enlace tanto con Rubalcaba como con Chacón. Y en la sede del PSC, en breve se incorporará otro histórico, Manel Fran , como sustituto de Collboni en la coordinación de la comunicación del partido.

    Fran, viejo del lugar, ya había sido, entre otras misiones similares, jefe de prensa de Celestino Corbacho en el Ministerio de Trabajo. Allí tuvo su minuto de gloria cuando fue grabado por una cámara mientras, con cara de pocos amigos, advertía a un periodista de la tele pública española que no volvería a poner los pies en el ministerio mientras él mandara allí. El chaval le había hecho una pregunta fuera de guión a Corbacho. Esa es la idea. Mirar de reconstruir el guión sin salirse de lo estrictamente pautado. Juan Carlos I lo describiría como una quimérica misión. Dura, como mínimo, lo será.

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