Veo estos días de agosto a Oriol Junqueras y pienso “sí que sale en los medios, ¿no?”. Ha hecho bastantes declaraciones, ha dado bastante titular grueso y ha mirado de fijar mejor su posicionamiento como líder y el de su partido. En pleno mes de agosto. Quizás algún cartucho lo podría haber guardado para una época del año donde la gente estuviese más por el caso, pero allá lo tenemos. No para. Y parece que tiene un cierto rumbo prefijado. Vaya, que sabe lo que busca. Otra cosa es que lo consiga. Pero no le podrán decir que no se pone a ello.
Sigo a Junqueras y ayer veía también a Jaume Bosch, presidente del think tank de Iniciativa. Estaba en Prada, como informaba Gemma Aguilera desde la UCE, poniendo su parte de primera semilla de una coalición verde en los Països Catalans. No hace mucho, ICV estuvo con CiU y ERC por el pacto fiscal. Y observo como las tesis del eurodiputado Raül Romeva (claramente soberanista) empiezan a sonar cada día que pasa algo menos exóticas en el partido ecosocialista.
Estoy atento a estos movimientos y a otros que se dan en el ámbito de la izquierda del país, y la situación del PSC se me demuestra cada día más preocupante. Inquietante. Sobre todo para sus militantes y su cúpula. Me da la sensación que están perdiendo todos los trenes. Que están quedando descolgados. Que no han acabado de entender o que no pueden asumir los signos de los tiempos, el nuevo escenario, la nueva coyuntura. Y que todo el mundo los come terreno, de CiU a ICV, pasando por ERC y unos cuantos otros.
Ayer leía que Pere Navarro dice que “si la manifestación que convoca la Assemblea Nacional Catalana es por la independencia, el PSC no se puede sumar porque no estamos de acuerdo”. Pregunta: ¿realmente cree que alguien esperaba que asistiera a esa maní? ¿De verdad? ¿Un partido que en las últimas elecciones contó con uno de sus eslogan que decía “ni independentistas ni de derechas”? ¿Un partido que tampoco habría ido a la manifestación si hubiera sido exclusivamente para reivindicar un pacto fiscal justo para Cataluña, que no lo votó como tampoco lo hizo el PP?
El drama del PSC actual es que raramente, en un momento clave y tan crudo, hay gente que los relacione con alguna reivindicación decidida al servicio del país. Y si esto les había afectado tradicionalmente (según las sucesivas encuestas y ciclos electorales) en su particular competición con CiU por el grueso de votantes de la centralidad política del país, ahora les deja en muy mal lugar también ante una competencia en el espacio de la izquierda que está demostrándose mucho más ágil y despierta, y seguramente útil, respecto del latido de una sociedad catalana en movimiento. Todo se mueve, parece, menos el PSC. Y su gran drama llegará el día que nadie gire la cabeza para mirar dónde para el Partit dels Socialistes. Cuando ya nadie les espere. ¿Pasará?
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