Mejor en estéreo

  • Mejor en estéreo

    «No se puede no comunicar». Lo dice un famoso axioma de Paul Watzlawick, uno de los grandes teóricos de la comunicación. Así pues, por mucho que los políticos necesiten hacer vacaciones, su comunicación no debería ponerse a ello nunca. Alguien de retén debería haberse quedado estos días en Sant Jaume, porque el Govern parece no haber querido comunicar, y en realidad ha proyectado un inédito desorden en su discurso. 

    Las dudas sobre si el president y sus consellers irán a la manifestación independentista del Onze de Setembre han sonado extrañas. Aunque, teniendo en cuenta que este ha sido el verano del curso político más duro que se recuerda, que respecto del Govern básicamente se haya hablado sobre lo que conviene o no que haga el president el Onze de Setembre debería sonar bastante agradable para el Ejecutivo de CiU. Por su parte, los organizadores de la manifestación independentista seguro que valoran la publicidad gratuita que les han dado los de Mas, no casualmente. 

    Calle movilizada 
    La praxis comunicativa no deja lugar a dudas. No es necesario que el president vaya a la manifestación. Aun más, sería conveniente que no fuera para que sus argumentos políticos y los de la ciudadanía que se manifieste en la Diada tuvieran más fuerza ante Madrid, cada uno por su lado. Así pues, ¿irá Mas a la manifestación? Con casi total probabilidad, no. Y entonces, ¿por qué se ha generado tanta expectativa desde el mismo Govern? En el Ejecutivo y en CiU hay ganas de tener a la calle movilizada. Es difícil hacerlo notar sin decirlo, y de ahí parte de la confusión. CDC, coherente con la línea soberanista emprendida en su último congreso, debería estar en la manifestación para darle impulso como un actor político y social más. En cambio, el Govern, la institución, tiene toda la legitimidad y los resortes para reivindicar y negociar de tú a tú con el Gobierno español. 

    El president pidió una Diada reivindicativa. Cada año lo es. Por la mañana, las instituciones hablan, y por la tarde, la ciudadanía se manifiesta. Es la tradición. Pero además, en este momento, si las dos cosas se dan con fuerza, en estéreo, le iría perfecto al actual Govern, nacionalista y con la bandera de la «transición nacional» anexa a la defensa del pacto fiscal. Mas se fue de paréntesis vacacional defendiendo este planteamiento. Luego llegaron las especulaciones. 

    A pesar de todo, al Govern le sigue yendo bien una manifestación contundente en defensa de la vía soberanista. Eso, a un Govern a las puertas de volver a sentarse a la mesa con su interlocutor de Madrid lo refuerza. Sin duda. Más aún si se puede poner a la labor política institucional, de negociación, con un president al frente que representa a una sociedad movilizada unos pasos más allá de lo que se discute en el tablero político. Si la manifestación convocada por la Assemblea Nacional Catalana es un exitazo, Madrid no podrá argumentar ante sus interlocutores catalanes que lo suyo es maximalismo desconectado de la sociedad a la que representa. 

    La suma de la legitimidad y la fuerza de la institución que Mas representa, junto con la legitimidad y la fuerza de la sociedad civil, que también defiende su voluntad en la calle además de hacerlo en las urnas, no necesita de un president que encabece una manifestación que él no ha convocado y que por tanto no debe liderar. Al contrario. Ahí la ciudadanía debe ser la protagonista, sin que el president se exponga innecesariamente a alguna imagen o momento imprevisto que le pueda restar fuerza ante sus interlocutores de Madrid. En estéreo, el clamor sonará mejor.

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