Espejo roto

  • Espejo roto

    Los ciudadanos quieren verse bien, también ante su espejo político. Si no hay un mínimo proceso de identificación o proyección, malo. En la película que Oliver Stone dedicó en 1995 a Richard Nixon, una escena lo borda. El presidente, desquiciado, deambula por la Casa Blanca y se topa con el retrato de John Fitzgerald Kennedy. Se queda mirándolo y le habla: «Cuando la gente te miraba a ti, veía lo que quería ser. Cuando me mira a mí, ve lo que es». «Y no le gusta», venía a añadir en silencio. Era antipático hasta para los suyos. 

    Al canciller alemán Konrad Adenauer se le atribuye una frase célebre: «En política hay enemigos, enemigos mortales y compañeros de partido». Lo peor, en teoría, los compañeros de partido. Más aun en el desierto de la oposición. CiU, en su día, supo conjurar el ruido interno, y de ahí parte del éxito posterior de Artur Mas. En cambio, al PSC le está costando más de lo previsto encontrar una paz interna que le deje centrarse en ser alternativa atractiva y creíble. El líder, para tener opciones de gustar al resto, primero debe gustar a los suyos, o parecerlo. No está pasando. Como mínimo, de darse, no lo parece. Pero ¿quién ha roto el espejo que era el PSC y en el que muchos gustaban de mirarse? ¿Ernest Maragall y su indisciplina? ¿El aparato que controlan Dani Fernández Antonio Balmón? ¿Ellos y otros? 

    Los hombres de Pere Navarro confían mucho en unas primarias al estilo del PS francés para elegir a su candidato a la presidencia de la Generalitat. Quieren que el proceso impulse a Navarro. Pero ¿hacia dónde? ¿Hacia el liderazgo o hacia la pared? Si hay mucha gresca, podría darse lo segundo aunque salga vencedor. 

    Maragallistas de primera hora aseguran que en Nicaragua (sede del PSC) «el debate que les ocupa ahora» es cómo evitar una segunda vuelta de esas primarias: «Saben que Navarro solo ante otro candidato no gana». Según estas voces, que están inquietas desde antes del affaire Ernest, «a Navarro le convienen unas primarias con el máximo de candidatos posibles», para dividir las posibilidades de su hipotético oponente Àngel Ros, alcalde de Lleida. ¿De ahí que hace unas semanas la diputada Rocío Martínez-Sampere no se descartase en público como candidata a unas primarias? «Ella podría ser una buena opción para dividir el voto catalanista y por el cambio en el PSC, y así, sin segunda vuelta, para asegurar la victoria a Navarro». Lo dicho. De momento, espejo más que roto. Y rezando que están para que Mas no avance las elecciones.

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